"El problema de fondo es la dificultad para detectar infectados en etapa temprana, cuando no se suelen manifestar síntomas".  (Foto: Cris Bouroncle / AFP)
"El problema de fondo es la dificultad para detectar infectados en etapa temprana, cuando no se suelen manifestar síntomas". (Foto: Cris Bouroncle / AFP)

Hace 12 días llamé al Minsa para solicitar una prueba de COVID-19, pero hasta ahora no he tenido respuesta. Así como yo, hay decenas de miles de peruanos en la misma situación. Tener un buen sistema de detección del virus es fundamental para lograr aplanar la curva de contagios. Lamentablemente, nuestros resultados por el momento no son los más alentadores, si analizamos los contagios diarios por millón de habitantes (CDPMH) en la región.

Hacia el 14 de abril, el Perú presentó 0.36 CDPMH, siendo el tercer país de la región con más contagios en términos relativos (OWD). Sin embargo, una semana después, dicha cifra aumentó a 1.36 CDPMH –incremento del 277%–, convirtiéndonos así en el segundo país con más contagios por detrás de Ecuador. En el mismo periodo, el país vecino presentó un aumento del 83%, pasando de 1.02 a 1.87.

El problema de fondo es la dificultad para detectar infectados en etapa temprana, cuando no se suelen manifestar síntomas. Si bien el Perú es el segundo país de la región que más pruebas realizó, con 4.44 por cada mil habitantes (OWD), nuestro sistema falla en hacerles seguimiento a los casos sospechosos. Es decir, aquellos que reportaron síntomas, pero no han podido ser evaluados, o aquellos “falsos negativos” que fueron sometidos a pruebas rápidas y que no se aislaron.

Si bien aumentar la cantidad de pruebas realizadas, tanto las rápidas como las moleculares, es fundamental, también es importante mejorar el sistema de seguimiento de los casos sospechosos. La mayoría de infectados asintomáticos o con síntomas leves difícilmente se aislará dos semanas y terminará contagiando a más personas.

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