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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

Pero sin duda lo más importante es lo que se pueda haber avanzado en materia de cooperación en la lucha contra el narcotráfico.

Aunque el momento no sea el más oportuno para plantear el fracaso de las políticas de interdicción, como lo han señalado los ex presidentes Fox de México y Cardoso de Brasil y que es, con algunos matices, la seguida por USA desde que en 1974 Nixon declarara la "guerra contra el flagelo de las drogas", es de esperarse que nuestro presidente haya puesto énfasis, por lo menos, en la tesis de la corresponsabilidad.

Es decir, que los problemas del narcotráfico y la adicción no se originan solo desde el lado de la oferta (los agricultores cocaleros) y que hay que enfrentar los problemas también desde el lado de la demanda (los consumidores norteamericanos).

Mientras en Estados Unidos se gastan 40 mil millones de dólares al año en la interdicción interna, la cooperación económica con el Perú para erradicación y sustitución apenas supera los 60 millones.

Cifras como las señaladas han llevado a personalidades como Mario Vargas Llosa a sostener que "el dinero de la guerra contra las drogas se use en prevenir, rehabilitar y curar", evitando las secuelas de violencia, muerte y corrupción que origina el tráfico de drogas.

Solo en México 45 mil personas han muerto como consecuencia del narcotráfico en los últimos siete años. En el Perú tenemos 700 camas para atender a más de 100 mil personas con adicciones severas.

Es cierto que la actual administración ha establecido, por primera vez, una Estrategia Nacional de Lucha contra las Drogas y que en este momento se está negociando un nuevo Acuerdo Operativo sobre el tema.

Eso explica un relativo optimismo sobre la reunión de ayer en Washington.