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Control de fusiones y adquisiciones

Control de fusiones y adquisiciones

Control de fusiones y adquisiciones. (Getty)

Control de fusiones y adquisiciones. (Getty)

Gonzalo Zegarra
Gonzalo Zegarra

Como en tantas otras cosas que suceden en la “discusión” pública peruana (es un decir), la polarización de posiciones y la proliferación de insultos es lo que suele marcar la agenda cuando se habla de una posible ley de control previo de fusiones y adquisiciones.

Por eso, lo primero que hay que decir sobre esto es que es un tema discutible, que no hay una verdad metafísica cuya contravención constituya una intolerable ofensa moral. En otras palabras, que nadie es un comunista o chavista por estar a favor; ni un facho, mercantilista o promotor de abusos empresariales por estar en contra.

Hay que centrarnos en las implicancias prácticas. ¿Espantará la inversión? Difícilmente. Es un sistema tan común en el mundo, y en las economías ricas y desarrolladas, que en principio a nadie asusta. Ojo, eso no es igual que decir que como lo tienen (y recomiendan) los países de la OECD, entonces nosotros tenemos que tenerlo también .

Que no espante no significa que convenga. Y es que es un sistema caro (porque tiene que estar blindado contra cualquier captura política o empresarial) y de dudosa efectividad. Dedicar recursos a algo así, cuando hay tantas necesidades más urgentes en el país, supone un gran costo de oportunidad.

El contenido especulativo del sistema –“esta concentración va a distorsionar el mercado”– supone predecir el futuro (algo imposible) y ese es su talón de Aquiles, pero lo es más ahora que la economía se está transformando radicalmente debido a la digitalización. Nuevas tecnologías convierten pequeños emprendimientos en empresas globalmente dominantes en pocos años. Las estructuras de los mercados y el consumo son más imprevisibles que nunca. El eventual daño de una concentración, también.

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