Felizmente tenemos un Congreso nuevo que en su primer día ha tomado la decisión de respaldar las acciones del gobierno y no uno que estaría confabulando para interpelar a todos los ministros, comenzando por los de Economía, Salud, Justicia e Interior, quienes son estratégicos en la gestión del estado de emergencia. Habrían buscado cualquier error para hacerlo. No exagero. Eso hicieron en 2017, cuando en pleno Niño costero, insistieron en interpelar a Vizcarra, entonces ministro de Transportes. Los ríos se desbordaban y personas morían mientras el fujimorismo buscaba desestabilizar la gestión del desastre. ¿Cómo creen que estarían actuando en este momento en el poder? Búsquenlos en Twitter y verán que igual lo hacen, pero ya nadie les hace caso.

Felizmente tenemos a Vizcarra en la presidencia y no a su reciente antecesor, que seguro habría cedido a las presiones de la Confiep, Canatur y otros gremios para demorar estas medidas radicales que, sí, definitivamente traerán un golpe económico sin precedentes, pero que eran impostergables para frenar la velocidad con la que el virus se está expandiendo. Esto evidencia la paradoja de mi generación: los mejores presidentes que hemos tenido llegaron al poder por azar.

Felizmente el MEF y la presidencia del BCR están en buenas manos. En contraste con lo que ha ocurrido en otros países de la región, su reacción ha sido sorprendentemente rápida y precisa, sobre todo la de la ministra Alva. La situación es complicadísima y las medidas exigen ajustes diarios. Una economía como la nuestra –con 70% de informalidad y una población enorme que vive con los ingresos que genera al día– no está preparada para un golpe como este; aun así, el equipo del MEF está navegando con tino y pericia la tormenta más grande que nos ha tocado vivir.