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Confianza pírrica

pleno congreso

Desarrollo de la sesión plenaria para debatir la cuestión de confianza en el Congreso. A primera hora, no hubo acuerdo para la recomposición de comisiones. (Foto: Anthony Niño De Guzmán)

Mijael Garrido Lecca
Mijael Garrido Lecca

Son poco después de las 7 de la noche cuando termino de escribir estas líneas para enviarlas al diario; no se sabe si el Congreso conferirá o no la confianza solicitada por el Poder Ejecutivo; sin embargo, habiendo escuchado ya a representantes de todas las bancadas, me voy a arriesgar a decir qué es lo que creo que pasará y por qué es que creo que así serán las cosas.

La izquierda votará por negar la confianza, no porque no defiendan la reforma que el presidente plantea, sino porque quieren cerrar el Congreso y que se someta a una Asamblea Constituyente el régimen económico de la Constitución, situación que buscan desde hace ya un buen tiempo. Con ellos, algunos otros bloques atomizados negarán la confianza, por principios o por cálculo.

La mayoría votará por conceder la confianza. A pesar de que las formas con las que el Ejecutivo la ha planteado son inconstitucionales, una vez conferida la confianza, el presidente no tendrá cómo ejercer presión sobre la forma en que voten los congresistas sus reformas: estos no están sujetos a mandato imperativo y el presidente no puede observar cambios en la Constitución.

De esta manera, el Congreso hará evidente que cualquier maniobra posterior del Ejecutivo es un intento por invadir su fuero de acción jurisdiccional y, por lo tanto, una vulneración a la independencia de poderes y al Estado constitucional de derecho. Es una respuesta cínica de un Congreso que, quizás, sea el peor que nos ha tocado ver en nuestra historia republicana, pero neutraliza a Vizcarra.

No habrá, mañana, absolutamente nada que celebrar: venimos siendo testigos de un enfrentamiento infantil entre un Ejecutivo inepto estructuralmente y un Congreso que no ha sido capaz de ejercer el poder que democráticamente se le confirió para construir las reformas que nuestro país necesita. Serán otros cinco años perdidos para un país que grita por una oportunidad de salir adelante.

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