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Fritz Du Bois,La opinión del directorCocaleros, acopiadores, mochileros, narcos, terroristas. Con la cantidad de criminales circulando por esos lares no debe de ser fácil ser un colono en el Huallaga o en el VRAEM y el pasarse a las filas del mal debe de ser una tentación contra la que tienen que luchar a diario.

Sin embargo, así como algunos sucumben, son muchos más los que se mantienen dentro de la legalidad y no caen en el pecado. Así que el haber vivido en esas zonas no puede en modo alguno utilizarse como excusa para justificar el haber abierto las puertas a Sendero y haberlos apoyado.

Más aún cuando las personas involucradas son exparlamentarias y una de ellas ocupa actualmente un alto cargo en el Gobierno que le permitiría fácilmente hacer clientelismo proselitista –de cualquier tinte ideológico y usando el dinero de todos los peruanos– en miles de vecindarios.

Por otro lado, el que importantes figuras políticas de este régimen hablen con temor de las fuerzas del orden y se refieran a los erradicadores de cultivos de coca como 'los peones de la DEA', demuestra que existe una quinta columna dentro del Gobierno trabajando a favor del negocio de la droga. Lo cual no ayuda, en lo absoluto, en los esfuerzos que el país viene hace años llevando a cabo para obtener mayor apoyo internacional en la lucha contra el narcotráfico.

Finalmente, es sospechosa la expectativa y grado de familiaridad que tenían en Sendero sobre la labor que, como dirigentes cocaleras, tanto Obregón como Malpartida venían realizando.

De cualquier manera, lo que indudablemente tenemos en este caso son dos prominentes miembros del oficialismo que han confesado que cruzan con facilidad entre el bien y el mal alrededor del narcotráfico. Incluso una de ellas ha aceptado que colaboró con una organización terrorista que asesinó a decenas de miles de peruanos. Evidentemente, esas dos personas están descalificadas para manejar recursos del Estado.