notitle
notitle

Tradicionalmente los gobiernos de turno se jactan de ser los más eficaces en combatir la industria del narcotráfico, pero todos sabemos que este ilegal negocio se mantiene viento en popa, por ser muy eficiente, descentralizado, crea un gran número de puestos de trabajo, tiene una altísima tasa de ganancia y no paga impuestos (aunque sí coimas para reducir riesgos).

Según cifras oficiales, durante el actual gobierno se han erradicado 75 mil hectáreas de coca (ninguna en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, Vraem), sobre un área inicial que bordeaba las 50 mil. Sin embargo, no se informa la cantidad de nuevas hectáreas sembradas de hoja de coca que remplazan a las erradicadas.

Veamos, ahora se nos comunica que existen 45 mil hectáreas de coca, de las cuales 22 mil se cultivan en el Vraem.

En concreto, en cuatro años, a precios relativamente parejos, para disminuir el total del área sembrada en una hectárea se han tenido que erradicar 15 hectáreas del cultivo de coca.

Pero, ojo, la nueva siembra va a depender del vaivén de los precios; así, en el Huallaga, donde el área sembrada había disminuido sensiblemente, el aumento de la demanda ha subido el precio de la hoja de coca de 3.6 a 5.5 dólares por kilo y, por lo tanto, se incrementará el área cultivada de coca.

La cosa no es fácil ¿no? Pero, además, la extendida corrupción y el desborde del sicariato tienen mucho que ver con que somos el primer país productor y exportador de cocaína del mundo.

Y ya no nos extraña que un congresista alquile su casa de playa a un narco extranjero, que el principal asesor legal del presidente haya sido defensor de acusados por narcotráfico y que un ex jefe militar del Vraem reconozca que el narcotráfico es la principal amenaza de la zona.

La cosa viene de mucho atrás, cuando en avioneta, el más grande banco privado del país traía los dólares de Tocache, y no pasaba nada.