Alexandra Ames
Alexandra Ames

Hemos avanzado en implementar estrategias de lucha contra la pobreza. Sin embargo, si queremos salir realmente de la pobreza, no basta con atender a los pobres. Se debe generar las condiciones para evitar la vulnerabilidad de retorno a dicha situación.

José es electricista y gana S/2,000. Tiene dos hijos pequeños y su esposa no trabaja para cuidarlos, pero de vez en cuando hace postres para vender. Per cápita, el ingreso es de S/500, los cuales se gastan, haciendo malabares y ajustes, íntegramente en el alquiler de sus cuartos en una quinta, alimentación, transporte, servicios y medicinas. La situación de José le impide ahorrar. Bajo el parámetro del INEI, ni José ni su familia son pobres, puesto que su canasta básica para subsistir está por encima de la línea de pobreza, que es S/380 por cápita. Pronto José se enfermará y no podrá trabajar y tendrá que gastar más en su tratamiento. Para ello, tendrán que sacrificar alimentos. Esta situación los llevará a caer en la extrema pobreza.

Más allá de que la medida monetaria que usa el INEI es insuficiente (que es otra discusión), lo cierto es que una persona ha salido realmente de la pobreza cuando no existe ningún riesgo de retornar a ella ante una eventualidad. Existen diferentes variables como pérdida o robo de equipo de trabajo, desastres naturales, embarazos, muerte del jefe del hogar o pérdida de cosecha que podrían hacer que una persona vuelva a ser pobre.

Nos encontramos en un momento en el que debemos empezar a diseñar estrategias diferenciadas por condición social, con enfoque territorial, que incluya fortalecer y empoderar a esa clase media que necesita seguir mejorando su calidad de vida. Si tenemos una clase media frágil, tendremos un país frágil.

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