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Ciudades que matan

“La lista sigue: buzones sin tapas, zanjas sin señalización, rompemuelles que no se ven, veredas recortadas, una sociedad que no reacciona, funcionarios que no la ven, abandono sistemático que mata”.

Doloroso final. Peritos de Criminalística de la Policía hallaron pistas de la pequeña Xohana en la Plaza de Armas.

Doloroso final. Peritos de Criminalística de la Policía hallaron pistas de la pequeña Xohana en la Plaza de Armas.

Ciudades que matan. (USI)

Augusto Rey
Augusto Rey

Un pozo en una plaza pública, tapado con una tablita de madera sin ninguna seguridad, no es solo negligencia de los funcionarios responsables. Es la evidencia terrible del abandono de nuestras ciudades, de las calles, de los parques en los que jugamos y de todo lo que no esté dentro de las cuatro paredes de nuestras casas y en propiedad privada. Es la tragedia de todo el Perú cebada por incompetencia y un presupuesto público que, si alcanza, suele ser robado o malgastado.

En diciembre de 2014, un niño de 11 cayó del puente peatonal en el cruce de las avenidas Revolución y Túpac Amaru en Comas. Regresaba del colegio cuando un hueco en las escaleras se cruzó con su vida. No era la primera vez que alguien caía por ahí.

En febrero de este año, un chico de 13 tropezó en la Alameda Chabuca Granda, precipitándose desde una altura de 7 metros hacia el jirón Camaná. Una semana antes, un niño de 8 había muerto en un parque de Chorrillos luego de que le cayera en la cabeza un arco de fierro que los vecinos habían pedido cambiar infinitas veces a la municipalidad distrital.

Hace unos días circuló en redes un video del veterinario Pancho Cavero queriendo bajar en bici al nuevo malecón en la Costa Verde y demostró que intentarlo es invitar a la tragedia. Desde la muerte de un ciclista en 2015 y el atropello de otros cuantos, nada ha cambiado.

La lista sigue: buzones sin tapas, zanjas sin señalización, rompemuelles que no se ven, veredas recortadas, una sociedad que no reacciona, funcionarios que no la ven, abandono sistemático que mata y destruye familias.

El desconsuelo colectivo por lo ocurrido en Cerro Azul de nada va a servir si permitimos que la indolencia siga gobernando nuestras ciudades. Dicen que guerra avisada no mata gente, pero este no viene siendo el caso en el Perú.

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