Ciudadanos de quinta

"La realidad es que, a ojos de las políticas urbanas, sí existen ciudadanos de quinta categoría y estos reciben servicios de quinta".

La agrupación fonavista Democracia Directa inscribió la candidatura de Álex Gonzales Castillo. (Andina)

Alex Gonzáles llegó a la zona afectada por el aniego. (Foto: Captura/Canal N)

Mariana Alegre
Mariana Alegre

La muy justificada bronca con la que el alcalde de San Juan de Lurigancho Alex Gonzales anuncia que tomará medidas contra Sedapal, exige la reposición de todo lo dañado, y declara –enfáticamente– que sus vecinos no son "peruanos de quinta categoría", puede ser la primera vez en Lima en que una autoridad reclama –con justicia– un trato igualitario.

En medio de la preocupación por lidiar con la emergencia y resolver la mierda en la que flotaban los vecinos mientras los rescataban en botes, el alcalde expulsa eso que muchos piensan y muchísimos más viven: los limeños no son iguales. Algunos tienen más derechos que otros. Algunos viven en la zona "bonita", la de los parques y malecones, en la que si bien hay tráfico, cuentan con menos muertos en las calles, la Lima que sale en videos de música y es visitada por turistas, que con sus cámaras retratan fotos del "sunset" y de las casitas pintorescas. Los demás viven en el patio trasero, ahí donde no hay que ir porque da miedo, adonde los taxistas no quieren llevarte, donde los parques son solo ilusiones, ahí donde las nuevas viviendas continúan extendiendo los límites de la ciudad y donde los postulantes a empleos omiten dar su dirección para evitar que los descarten.

La realidad es que, a ojos de las políticas urbanas, sí existen ciudadanos de quinta categoría y estos reciben servicios de quinta y viven en ciudades de quinta. "¡Pero, ¿qué quieren si no pagan sus arbitrios?!", replican airados los que defienden la desigualdad sin indagar en las razones de la pobreza ni en cómo esta se produce y se perpetúa, generación tras generación.

Los ciudadanos están, muchas veces, acostumbrados a la exclusión y a conformarse con lo que tienen. Su fuerza les alcanza para reclamar por lo básico. Para lo demás no tienen tiempo pues están trabajando a triple turno y trasladándose a rastras por horas de horas en el (mal) sistema de transporte, cabeceando pues el sueño los vence.

Que el alcalde haya tenido que cambiar su traje de fiesta para la celebración de su aniversario y le toque verbalizar su rabia en el momento más indigno de su distrito abre las puertas para que se evidencie esta diferencia. Que los vecinos del distrito más poblado hagan oír su voz de protesta es la única manera en la que se podrá vencer esta brecha. Que la historia de Lima no nos cuente solo de la Plaza de Armas o la Costa Verde, que nos cuente sobre todo eso que muchos no saben y no quieren ver: lo que hay y lo que pasa en Zárate, en Mangomarca o en Campoy.

La verdadera Lima, la que es inmensa y que no admite que algunos de sus ciudadanos sean tratados como peruanos de quinta.

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