¡Avanza, avanza!

“Las constantes interacciones negativas entre conductores, con peatones o ciclistas, generan un ambiente hostil, enfermo y rabioso”.

A diferencia de otros años, el tránsito en la Panamericana Sur se presenta fluido para quienes retornar a Lima tras el feriado largo por Semana Santa. (Geraldo Caso/Perú 21)

A diferencia de otros años, el tránsito en la Panamericana Sur se presenta fluido para quienes retornar a Lima tras el feriado largo por Semana Santa. (Geraldo Caso/Perú 21)

A diferencia de otros años, el tránsito en la Panamericana Sur se presenta fluido para quienes retornar a Lima tras el feriado largo por Semana Santa. (Geraldo Caso/Perú 21)

Mariana Alegre
Mariana Alegre

¡Avanza, huevón!, gritaba mientras golpeaba el timón y apretaba el claxon desesperado un estresado e iracundo conductor. El objeto de su furia era un auto que iba delante suyo y que estaba dando pase a los peatones en una cebra peatonal que estaba con luz verde para los caminantes. La furia en sus ojos era tal que, cuando finalmente le tocó voltear, preferí dejarlo pasar que arriesgarme a ser atropellada. No eran ni las 8:30 de la mañana. Me dio pena pensar que así serían la mayoría de sus días.

Constantemente, la gente se queja de los conductores infractores, ya sea los conchudos que usan la vía auxiliar como carril cuando regresan de la playa, los que se cuadran en espacios para personas con discapacidad cuando están perfectamente sanos de cuerpo (aunque muy enfermos de alma), aquellos que se suben a la vereda “solo un ratito” bloqueando a todos los demás o los que se pasan con concha y pana el semáforo segundos después de que la luz ha cambiado. Las constantes interacciones negativas entre conductores, con peatones o ciclistas, generan un ambiente hostil, enfermo y rabioso. Puro estrés urbano.

“Cholo de mierda” es otro de los insultos usuales o “Mujer tenías que ser”, otra frase famosa. El racismo, el clasismo y el machismo se exhiben rampante en las pistas de la ciudad. Se reparten insultos sin ton ni son. Alimentan la bronca individual, la histeria colectiva y el egoísmo en primer plano. ¿Para qué pensar en los demás si debo pensar en mí mismo? El ego del poderoso se infla y ni cuenta se da de que eso explota en su cara, en su cuerpo y en su mente. Piensen en el mal humor que cargan mientras manejan, ya sea el tráfico imposible, las malas acciones de los otros y las suyas propias. Piensen en cómo llegan a sus destinos: agotados, sin paciencia con sus seres queridos, sin energía para nada más. Dense cuenta de que la ciudad y su mala movilidad les está chupando la vida, succionando la buena voluntad que tienen dentro y dejando solo los residuos que casi no sirven. Te conviertes en un monstruo.

La oficina a cargo del transporte en Londres tiene una meta vinculada a reducir el estrés de los conductores. Ellos saben que es un asesino ya que potencia los accidentes de tránsito y las enfermedades cardiovasculares. No solo mata a los involucrados en accidentes, sino mata a los conductores de ataques cardiacos o derrames cerebrales. Mientras –como aquí nadie ofrece fluidez ni disminuir los tiempos de viaje, ni corregir la infraestructura, ni controlar las reglas de tránsito– solo les pido a los conductores que respiren hondo e intenten dar lo mejor de sí. Quizá algún día la ciudad cambie y todos seamos mejores personas.

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