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Ariel Segal,Opina.21arielsegal@hotmail.com

El gran responsable de la tiranía que padeció Chile desde el derrocamiento de Salvador Allende el 11-9-1973 fue Pinochet, pero hubo muchos protagonistas políticos que tuvieron gran responsabilidad en la tragedia que condujo a ese país a una tiranía de 17 años: tanto de la Unidad Popular (UP), la alianza de partidos de izquierdas bajo el liderazgo del Dr. Allende, como de miembros de la oposición conservadora que no supieron negociar durante la gran crisis económica y política de su ultimo año en el poder, con un caballero como lo fue ese culto presidente y, sin dudas, un conspirador perpetuo que se inmiscuyó sin ningún recato en los asuntos internos de Chile: Fidel Castro.

Allende creía en un "socialismo con rostro humano", pero su amistad con Castro preocupaba a la derecha chilena y a la izquierda moderada de la UP, y las cosas se complicaron más a partir del viaje de Fidel a Chile, quien durante 25 días se dedicó a la agitación social y se dieron enfrentamientos armados entre su personal de seguridad y manifestantes de la oposición al Gobierno.

El secretario general del Partido Comunista chileno, Luis Corbalán, manifestó su disgusto a los excesos del mandatario visitante, pero otros grupos de izquierda radical acompañaron a Fidel, coincidiendo que si bien el socialismo se logró con votos, de ser necesario, debía mantenerse en el poder por las armas. Esta historia, que suena muy familiar a lo logrado por el régimen cubano en otro país latinoamericano recientemente (cambian las tácticas, no la estrategia), debilitó a Allende y dio excusas a los conspiradores de extrema derecha para justificar su derrocamiento.

Cuarenta años después, Raúl Castro visita Chile y en una reunión de un nuevo club de presidentes lo nombran, representando a la misma dictadura que lleva más de 50 años en el poder, presidente temporal de ese organismo. Es la segunda vez que la visita de un Castro cubano colabora a enterrar la democracia en Latinoamérica.