(Presidencia)
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Asumir la llamada nueva normalidad es tarea imperativa; si no, habrá muchos más muertos en el intento. ¡No hay otra! Te proteges, te distancias, sales lo necesario, cuidas a tus niños, a tus viejos, hasta que la vacuna llegue al Perú, lo que, de hecho, pronto no será. Empezamos esta etapa de cuarentena focalizada con 17% de contagios diarios en promedio, con cerca de 30 mil muertes (si sinceramos las cifras oficiales + Sinadef), con más camas de hospital pero casi todas ocupadas, con déficit de oxígeno, con igual precariedad en el sistema de transporte masivo, con la peor contracción económica del último siglo, con millones de compatriotas desempleados, con más pobres, más hambre, pero con los mismos pleitos sordos entre el Legislativo y el Ejecutivo. Con empresarios que se quejan del ninguneo del gobierno en estos meses de emergencia, con sectores productivos destruidos y con una sociedad exacerbada porque siente que la respuesta es “para otros” y no para ellos.

El presidente Vizcarra quizás debería tener la audacia de cambiar a ciertos actores de su entorno para darle un nuevo impulso a la gestión gubernamental, que parece también estar sin aire y con poca muñeca política para contrarrestar la voracidad populista y de protagonismo del Congreso. Cambios ministeriales que renueven la dinámica y logren controlar el voluntarismo legislativo podrían darle este impulso que el momento exige.

En tres meses la economía ha quedado en escombros, las operadoras de riesgo internacionales nos dan el beneficio de la duda por nuestro comportamiento macro de las últimas décadas. Seguimos siendo un país sujeto de crédito, pero no podemos equivocarnos. El virus está con nosotros y no se irá por decreto. Así que a cada uno nos toca hacer nuestra tarea en la medida posible. Chapemos al virus y tratemos de aislarlo para comenzar a salir de esta situación tan grave. Y al Gobierno le toca meter el acelerador para pasar el túnel oscuro con precisión, sin perder el norte.