Iber Maraví figura en atestados policiales sobre atentados terroristas en Ayacucho durante la década del 80. (Foto: Renzo Salazar / @photo.gec)
Iber Maraví figura en atestados policiales sobre atentados terroristas en Ayacucho durante la década del 80. (Foto: Renzo Salazar / @photo.gec)

Finalmente será mañana la interpelación al ministro de Trabajo, Iber Maraví, luego de que el Consejo Directivo del Congreso se pusiera fuerte y rechazara su leguleyada de presionar con una exigencia absurda de documentos sobre sus vínculos con Sendero Luminoso.

Deberá, por tanto, responder las siete preguntas del pliego relacionado a sus nexos con el Conare-Sute, ala magisterial del Movadef, organismo de fachada del terrorismo abimaelita, y sobre sus nexos con militantes probados de SL como Arturo Morote, Hildebrando Pérez Huarancca (nada más ni nada menos que su suegro) y la subversiva Edith Lagos. Aparte de ello, tiene pendiente explicar con claridad las documentadas acusaciones sobre su presunta participación en atentados violentistas durante la década de los ochenta, según registran atestados policiales de la época.

En el pleno del Congreso repetirá seguramente, como un disco rayado, que, en la actualidad, no cuenta con sentencia ni investigación abierta por esos casos. Pero no estamos frente a un proceso penal en el que puede exigir evidencia actual y testigos de cargo. Son hechos registrados por la Policía de aquellos años terribles para el país, cuando los atentados y masacres realizadas por el fanatismo senderista eran pan de todos los días. Imposible que los peruanos podamos olvidar épocas aciagas como aquellas.

En los atestados, además, figuran testimonios precisos de miembros de SL que lo ubican en el lugar de los hechos y como parte la trama terrorista. Si nada de ello llegó a la Fiscalía –o si llegó, pero se quedó sin sentencia– no quiere decir, de ninguna manera, que no haya ocurrido lo que los documentos demuestran fehacientemente.

Por lo tanto, el desenlace lógico de la interpelación, dado que el ministro se negó a renunciar cuando su jefe se lo pidió públicamente y que el presidente Castillo, su apañador en el Ejecutivo, no ha querido removerlo, debería ser su censura y su consiguiente salida del gabinete. Qué así sea.