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Redacción PERÚ21
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Carlos Basombrío,Opina.21… Es imposible que sea más importante que el pescado.

Uso la figura para expresar mi preocupación sobre la visión del nuevo ministro del Interior sobre la seguridad; una en la que el asunto es poner harto rocoto en los traseros de quienes están a cargo, para que hagan su labor. Que se necesita, se necesita, pero si el pescado está descompuesto, el ají no lo vuelve fresco.

El nuevo ministro tendría que ser ciego para no darse cuenta de los gravísimos problemas que enfrenta la Policía a todos los niveles, pero parece creer que con una motivación al estilo "pecoso Ramírez" puede lograr el milagro.

Su sobrevaloración del ají se ve en particular en su poco interés por enfrentar el problema más importante de la PNP, el de la corrupción. ("No estoy para perder el tiempo, tengo que trabajar, que otros se encarguen de eso", le dijo a Rosa María Palacios en Exitosa).

En un problema tan difícil y complejo la arenga ayuda, pero no soluciona. El ministro debiera dedicar más días de la semana a ser ministro y menos a ser el comisario de todos los barrios. Se necesita calle y motivación, pero él debe concentrarse en lo que es esencial; a saber, que en paralelo a la lucha contra la corrupción y la penetración del crimen organizado, se debe tener una idea clara del qué y cómo hacer con el delito; identificar con qué recursos se cuenta para eso, tanto económicos como humanos y cómo conseguir los que faltan; decidir qué cosas hay que cambiar drásticamente y qué talentos no hay que desperdiciar; con todo ello decidir qué acciones eficaces (y no efectistas) se tienen que hacer, desde el cortísimo plazo, pero engranándolas coherentemente con las del mediano y largo plazo.

Este pescado, o sea lo que tiene hoy el Estado para enfrentar la inseguridad ciudadana, no sirve. No es que a Walter Albán o a Wilfredo Pedraza les faltaran ganas y coraje, como deja entrever Daniel Urresti, sino que no los dejaron o no se atrevieron a ir a la raíz de los problemas.

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