Contra los caudillos matapartidos

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Santiago Pedraglio,Opina.21Las elecciones municipales y regionales apelan a valoraciones relacionadas con lo que cada cual quiere para su distrito o su región. Al no haber partidos políticos de arraigo nacional, el voto está alejado de consideraciones ideológicas. El Partido Nacionalista no presentó candidatos; y el Apra, muy pocos, calculando no 'quemarse' para el 2016.

Por eso los limeños pueden votar por Castañeda: consideran que hará obras y mantendrá la informalidad, statu quo que involucra a miles de personas. Los cajamarquinos, sobre todo las provincias rurales y mineras de esa región, eligen a Santos por un sentimiento anticentralista y antiminero: creen que esa actividad los perjudica más que los beneficia. Y así se podría seguir con el resto del país.

El pragmatismo localista se agrava por la inexistencia de partidos nacionales. El Apra es el coto de caza de García; Perú Posible, la pecera de Toledo; Alianza para el Progreso, la prolongación de la universidad y de la familia de Acuña; el Partido Nacionalista, el campamento de Humala; Solidaridad Nacional, el sol encarnado en Castañeda; y Fuerza Popular, una propiedad de la familia Fujimori. El único que algo se salvaba, el PPC, sufre una pelea de facciones que podría destruirlo. De la izquierda, ni hablar: fragmentada, para variar, y su principal carta, la alcaldesa de Lima, postuló por una agrupación ajena.

Hay que pensar en cómo frenar los partidos unipersonales. Pasos en esa dirección podrían ser medidas que impidan que los candidatos presidenciales –o los presidentes– sean los máximos dirigentes de su partido; además, se deben limitar las reelecciones, como se ha hecho en México y Estados Unidos. Urge que los partidos o movimientos vuelvan a convertirse en colectividades de cuadros políticos y afiliados; de lo contrario, los caudillos trabajarán para ser candidatos eternos, acostumbrados como están a llevar agua solo para su molino.

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