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Lucía de Althaus,Opina.21www.parentalidad.pe

El castigo como única respuesta reduce las posibilidades de aprendizaje del error cometido, pues la cólera por ser castigado y reprendido (a veces en desproporción con lo sucedido) puede bloquear la escucha del mensaje que le queremos dar.

Cuando son pequeños, se les da el beneficio de la duda: quizás no sabían bien qué se esperaba de ellos, si tal cosa es permitida o no. Entonces se le explica, con firmeza y claridad, los límites permitidos y lo que no se puede hacer. Así van creciendo, y cada edad tendrá sus retos y presentará diferentes problemas, y en cada una tendremos que explicar una o dos veces hasta que se entienda bien.

Si a pesar de las explicaciones dadas repiten la mala conducta –con conocimiento– recién podremos pensar en la posibilidad de un castigo adecuado. Si empezamos tempranamente con los castigos, la guerra se instala y ¿qué nos queda para después?