(Getty)
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Lo que está pasando en la Av. Benavides, y que sucedió antes en la Costa Verde y en varias calles de Santa Beatriz, es el ejemplo de lo que sucede cuando se construye una ciudad para los autos y no para la gente. Recortar la berma central para hacer más carriles para autos, a pesar de que la Av. Benavides tiene altos niveles de contaminación y sus veredas son tan angostas que los peatones casi no tienen espacio para caminar, no tiene sentido. Vivimos en un desierto gris, pero insistimos en talar árboles y recortar áreas verdes para que circulen más autos que cada vez van más lento.

Construir un nuevo carril en la Av. Benavides solo congestionará más la zona debido a lo que los economistas llaman “demanda inducida”: más espacio hará que más gente quiera ir por ahí. El tráfico no va a terminar, va a empeorar. Todo seguirá lento y caótico, pero con más vehículos, más ruido, más bocinas, más contaminación, nuevos accidentes, menos áreas verdes, más estrés y todo más gris. Probablemente los inmuebles de la zona bajen de precio. El único que ganará con todo esto es la empresa constructora.

No se trata solo de Benavides, sino de un modelo de ciudad enfermo que se dedica a esparcir el problema a cada intersección en vez de abordarlo de raíz. Importa más construir por construir que la calidad de vida de la gente… ¡hasta que el problema llegue a tu puerta! Si no dices nada cuando se talan árboles para hacer más carriles, si aplaudes que las playas de la Costa Verde se mutilen para dar paso a una vía rápida, o si crees que es progreso arrinconar a los peatones a espacios diminutos, no te sorprendas luego cuando le toque a la calle en la que vives o al espacio en el que juegan tus hijos. Ahí será demasiado tarde para recuperar el espacio que habrás visto irse.

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