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En serio, algo le debe estar sucediendo, a tenor de sus últimas declaraciones. Urgido por el tiempo, su tiempo, se autopropone como precandidato presidencial del nacionalismo. Pareciera competir con Mauricio Diez Canseco, aunque no tiene las rubias de oro. Ya le salió al frente Ana Jara diciéndole que los precandidatos son propuestos por un organismo de base, que debe guardar moderación en sus declaraciones y que no es muy elegante hacerlo por cuenta propia y sin el acuerdo de la cúpula partidaria.

Dice que tiene el consentimiento –luz verde– de Nadine Heredia, presidenta del Partido Nacionalista (PN), aunque hasta ahora esta guarda prudente silencio; y por el contrario, pareciera que el jalón de orejas que le dio Ana Jara sí tuvo el visto bueno de la primera dama.

Además, cuando se informó por la prensa que el artículo 33 del estatuto del PN exigía que para ser candidato se requería no estar incurso en ningún proceso judicial, tonta o ingenuamente argumentó que "ningún estatuto podría estar por encima de la Constitución", queriendo echar al tacho de basura la principal norma que rige la organización y funcionamiento del partido que lo acoge.

Sin embargo, su poca feliz declaración a favor del indulto a Alberto Fujimori, a menos que sea un soplo en su oreja de alguien que quiere hacerle daño o experimentar en él para conocer cuál es la respuesta a este exabrupto, sí es ponerse una gran piedra en el camino. Durante meses ha criticado la inigualable corrupción en el gobierno de Fujimori, y, de pronto, aparece como segundón de Mauricio Diez Canseco en esta oportunista propuesta. De verdad, algunos no se tropiezan más porque les falta tiempo.

¿Adónde va Urresti? Con seguridad, después del juicio oral por el asesinato de Hugo Bustíos, su camino hacia el penal Virgen de las Mercedes será recto y sin vericuetos.