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Carlos Tovar, el conocido caricaturista que firma como 'Carlín', ya en serio y desde hace años, sostiene la tesis de que la reducción de la jornada de trabajo, en todos los países y simultáneamente, ayudaría mucho a resolver el espinoso tema de la informalidad y la falta de empleo en el mundo globalizado. Ha publicado tres libros. Recoge el argumento de Marx cuando escribió que en un inicio la prolongación de la jornada de trabajo era la base para una mayor ganancia del capitalista. Pero, después, la competencia obligaba a ser más productivo al trabajador para que el capitalista ganase más, lo que impulsaba el incesante avance tecnológico. Es decir, se requería una menor cantidad de trabajadores pero de mayor productividad. De allí la formación de "un ejército de desocupados" que impulsaba a la baja los salarios reales.

Pero Tovar plantea que esta lógica puede y debe cambiar, sin atentar contra el avance tecnológico ni con las bondades del sentido técnico-empresarial de la producción. Pone como ejemplo que a mitad del siglo XIX y en pleno auge de la manufactura capitalista, los obreros consiguieron la disminución de la jornada a 12 y hasta 10 horas al día; y a inicios del siglo XX a 8 horas, en épicas luchas. Pero, a pesar de esto, las ganancias aumentaron como producto del avance tecnológico y la competencia, aunque con el límite del consumo. De ahí señala que con el inmenso avance de la tecnología actual, podría reducirse la jornada de trabajo a 4 horas, pagándole al trabajador por una jornada de 8 horas. Se resolvería la desocupación y a la vez aumentaría el consumo, las ventas y, por tanto, las ganancias. El mayor tiempo dedicado al ocio y la creatividad definirían al socialismo de las 4 horas. Parece un sueño ¿no?