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La creciente inseguridad ciudadana en Lima está llevando a la desesperación –y también a la confusión– a pobladores y vecinos, y hasta a los alcaldes y ciertos congresistas. De realizarse una encuesta, la mayoría de consultados estaría de acuerdo con que los militares se hiciesen cargo de la situación, lo que sería un grave error.

El soldado recibe una preparación muy diferente a un policía. Este tiene como función luchar contra la delincuencia para garantizar la convivencia pacífica entre los ciudadanos, y aquel la de destruir una fuerza armada enemiga.

El que sus uniformes sean parecidos y tengan similares grados (¿por qué?) no debiera confundir sus funciones.

Un soldado es entrenado para manejar un cañón antitanque, una bazuka, un misil tierra-tierra, asaltar una trinchera, destruir un nido de ametralladoras, etc.

Para eso usa sofisticados sistemas de armas; un soldado sin arma no es tal o está perdido.

El soldado no está entrenado para "capturar" un enemigo, su tarea es "eliminarlo" y toma prisioneros solo cuando los enemigos se rinden.

Los soldados llevan una vida acuartelada, no se comunican con los civiles; los policías, en cambio, son vecinos del barrio, identificados y reconocidos como tales.

Un policía, aunque esté desarmado, puede ejercer el poder que la ley le otorga, asumiendo sus responsabilidades.

Las tareas del policía son proteger, prevenir, resguardar, disuadir, investigar, reprimir y capturar.

¿Qué hacer? Según Wilfredo Pedraza, habría que disminuir la "percepción de inseguridad", o confiar, como dijo Daniel Urresti, en que los sicarios se maten entre sí.

Ya en serio, se requiere corregir muchas cosas, pero lo urgente –rápido y simple– obliga a incorporar a mil policías de civil (del 24×24) a las órdenes de los detectives de Investigación Criminal (Dirincri) y ofrecer recompensas para quienes delaten a sus jefes de banda.