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"¿Qué se puede hacer?", pregunté al chofer del taxi y agregué: "Este es un tráfico de locos". Me contestó: "Es un tráfico de sonsos" y me dio sus razones. Llegando a mi casa me decidí a escribir estas líneas.

En Lima circulan 700 mil automóviles, de los cuales 120 mil son taxis formales. El 7.6% de la población utiliza automóvil para ir a estudiar o trabajar; el 80%, el transporte público.

Así, cerca de 580 mil automóviles de uso privado-familiar transitan por nuestras calles con uno o dos pasajeros; no pocos en poderosas camionetas 4×4.

Necesitan pagar por cochera o lugar donde estacionarse estrechando las vías y corren riesgos innecesarios.

Se propone, hasta que culminen las obras de infraestructura necesarias, un sistema provisional para mejorar el tránsito.

Que de 6 a.m. a 9 p.m., los autos particulares cuyas placas terminen en número impar transiten los lunes, miércoles y viernes; y los que tienen placas que terminen en número par lo hagan los martes, jueves y sábados.

De las 9 de la noche hasta las 6 de la mañana del día siguiente la circulación sería libre. Los domingos no existirían restricciones.

Cerca de 300 mil autos no estarían en los atolladeros de las horas punta.

Las ventajas: a) Ahorro de combustible. b) Menor contaminación. c) Aligerar el tránsito d) Distribuir gasto de transporte entre amigos y vecinos que tienen un destino cerca. e) Aumentaría la demanda y competencia entre los taxistas.

Obligatorias calcomanías de color rojo para las placas impares, y negras para las placas pares, serían los distintivos ordenadores en el uso de vehículos particulares.

Se llevaría al depósito al carro del avivato que intente sacar la vuelta a esta norma. No asustarse, algo parecido ya se hizo en Lima en los años 70 del siglo pasado, debido al alto precio del petróleo que se importaba. Y funcionó.