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1).- Las imágenes de la TV que transmiten los huaicos muestran los llantos y angustias de modestas familias que lo han perdido todo. La de otros, que a punta de lampa y embarrados hasta el límite buscan impedir el colapso total de su humilde vivienda. Muchos –en Chosica, Ica– son "desplazados" por la violencia de los años 80. Simplonamente escuchamos a periodistas y autoridades que señalan: "Sí pues, la gente no entiende que no debe vivir en la zona de los huaicos". Y punto.

2).- Algo semejante ocurre con los frecuentes incendios que dejan sin hogar a humildes familias. Se quejan de que las unidades de bomberos tardaron mucho y estas que no pudieron controlar el incendio por falta de presión del agua en la zona. El funcionario municipal, con rostro adusto, declara ante la cámara de TV que "ya se les ha advertido del riesgo que corren por vivir en estas condiciones".

3).- Nosotros creemos que la razón por la que los afectados casi siempre son familias humildes, no es por ignorancia o desidia sino porque "sus oportunidades" para vivir en lugares con menos riesgo no están a su alcance. O, por lo menos, ahí, a la mala, logran subsistir. Claro que quisieran vivir en lugares más seguros con servicios básicos y que sus hijos terminen sus estudios secundarios y, por qué no, que ingresen a la universidad. No es que les falte "espíritu de superación".

4).- El crecimiento de la economía es fundamental, pero no basta. Los ingresos del Estado no alcanzan, la corrupción aumenta (neta o con disfraz), y la mayor parte se la llevan los tiburones de siempre y los funcionarios y políticos a su servicio. Con la plata de la corrupción se podría salvar a los pobladores que habitan en los cauces de las torrenteras.

5).- No a la prescripción de la corrupción ni el fraude al Estado.