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No te quejes si se queda con el niño. Los "partidos" vientres de alquiler son una de las peores expresiones de nuestro mal concebido sistema político. No los únicos, por cierto, pero las izquierdas son caseritas de esta podrida forma de hacer política. Cuando Susana Villarán, traicionando su compromiso, se lanzó a su previsiblemente fallido intento de reelección, alquiló Diálogo Vecinal.

Más recientemente, Unidad Democrática, que reúne a la gran mayoría de los grupos de izquierda, hizo una alianza con el "Partido" Humanista. Luego de muchos amagos, el dueño terminó por echarlos y debieron salir de nuevo al mercado de alquileres. Consiguieron Democracia Directa, el grupo que se aprovechó de los jubilados que firmaban para la devolución del Fonavi. Convocaron elecciones internas y el dueño (con o sin fraude) les ganó a los inquilinos. Solo les queda rogar por un lugarcito bajo el (pequeñito) sol de Tierra y Libertad.

La izquierda se ha vuelto cada vez más "pragmática" en lo político, a la vez que sigue anquilosada en lo ideológico. Su pragmatismo, por ejemplo, los llevó a subirse al carro de Humala en el 2011, pese a que en el 2006 lo habían tachado por Madre Mía. Humala, con su conocida lealtad, a los tres meses les dio una patada en donde más duele y los devolvió a la calle de la amargura.

Ejemplo de lo dañino que pueden ser las ideas arcaicas que aún defienden es su activismo contra la inversión minera, que ha logrado que no se concreten importantes proyectos que hoy, en época de vacas flacas, serían especialmente importantes. (Es verdad que la responsabilidad es también de un gobierno incompetente y de crasos errores de algunas empresas).

Finalmente es lamentable que, como muchos en la derecha con los suyos, justifiquen a los dictadores de izquierda. Describen así lo de Maduro como una "democracia imperfecta".

Salvo individuos aislados, no tenemos una izquierda moderna y democrática.