notitle
notitle

Reciente y temporalmente, defensor del lector; soy desde el 2004 columnista político de este diario. Mi compromiso en lo primero es acotado y concreto, consiste en recibir quejas individuales de personas que se sienten afectadas por algo que se haya publicado. Asimismo, hacer reflexiones generales sobre el quehacer del diario.

Algunos lectores, en los dos extremos del espectro, insisten en que quien tiene una opinión política no puede defender al lector. Me parece equivocado y que, más bien, desnuda fanatismos propios.

Creo que lo importante es la transparencia. Mis opiniones son públicas y están los cientos de columnas que he publicado en este diario. Pero, ante tanta insistencia, reitero por última vez cómo pienso.

Soy fieramente independiente y muy crítico de nuestra actual vida política. Trato de opinar con base en el análisis cotidiano de los hechos, evitando ideología y prejuicio. Mi visión de las cosas ha ido evolucionando con los años. (O involucionando, dirán algunos).

Creo que es irrelevante para casi todos los que lean esta columna, pero para aquellos lectores que reclaman saber hasta por quién voto, pues lo cuento. Podría remontarme a 1978, cuando era un joven izquierdista de 20 años y voté por primera vez para elección de la Asamblea Constituyente, pero sería muy largo y aburrido. Limito, por tanto, esta calateada política a mis votos desde que se restauró la democracia.

En el 2001 voté por Lourdes y en segunda por Toledo, como mal menor ante García. En el 2006 volví a votar por Lourdes. En la segunda voté por García (me costó muelas hacerlo), pero pensaba que Humala era el mal mayor del momento.

En el 2011 voté por PPK. En la segunda vuelta entre Ollanta y Keiko vicié mi voto. Me era intolerable votar por el capitán Carlos, denunciado por delitos de lesa humanidad y entusiasta de la insurrección contra la democracia en Andahuaylas en el 2004. Tampoco podía votar por Fujimori, porque, si bien hubo cosas buenas en los 90, estas fueron totalmente desvirtuadas cuando se convirtieron en una banda criminal que hizo al de Fujimori uno de los 10 gobiernos más corruptos de la historia del mundo; y que, además, fue responsable de graves violaciones a los derechos humanos.

Este año, en la primera vuelta, no pude ocultar mi escepticismo frente a las distintas postulaciones. No quería votar por Keiko por lo dicho y por sus nuevas juntas. Tampoco por Verónika, porque Tierra y Libertad me parece la típica expresión de una izquierda conservadora que no acepta la inversión privada, y porque tartamudea cada vez que le piden condenar a la dictadura de Maduro. Al final, con muy poca ilusión decidí hacerlo por PPK.

Me imagino que ya saben por quién voy a votar ahora. Frío, frío, frío… se equivocaron. No voy a votar. El próximo domingo cinco no podré estar en el país.

  • En homenaje a la calata de Caretas, fiel lectora de esta columna y casi la única sección de una otrora gran revista que ha sobrevivido al naufragio.

TAGS RELACIONADOS