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Fujimori está en posición privilegiada en las encuestas: con una intención de voto de más del doble que la del segundo y su antivoto en su punto más bajo. Si bien mucha agua ha de pasar aún bajo los puentes, es casi seguro que sea contendiente en segunda vuelta.

Ahora bien, ser puntero tan al inicio tiene sus dificultades. Para empezar, los adversarios colocarán todas sus baterías apuntando a sus flaquezas y, por supuesto, está el propio riesgo de meter la pata.

Algo de esto último ha sucedido luego de la arbitraria, abusiva y repudiada destitución de la procuradora de Lavado de Activos, Julia Príncipe.

Keiko ha cometido una serie de errores que dejan dudas sobre su habilidad política. Primero, se presentó en conferencia de prensa al lado de Joaquín Ramírez, secretario general de su partido, pero, a la vez, una persona investigada por lavado de activos.

Es decir, uno de los tantos que se benefician con el debilitamiento de la Procuraduría.

También fue desafortunado reclamar la renuncia de la primera dama. Para empezar, porque no se trata de un cargo, sino solo la condición de esposa del presidente. Quería con esa gambeta saltearse el hecho de que Cateriano había sido el principal protagonista del despido de la procuradora. Si Gustavo Adrianzén iba a ser censurado por hostilizar a Príncipe, ¿cómo así ella protege a quien llevó a todo un gabinete a avalar un atropello mayor? (Por cierto, ¿ningún ministro se sintió incómodo?).

"No hagan olas, estoy ganando y no me conviene que nada se mueva", parece decirnos Keiko. Pero lo hizo tan mal que hasta Nadine la pudo vapulear. Ella y muchos otros le recordaron la dramática manera en que Susana Higuchi tuvo que dejar su condición de primera dama y lo discutible que fue que ella aceptara el encargo después de lo que le hicieron a su madre.

En suma: le tocaba patear un penal sin arquero, se concentró, disparó fuerte y… golpeó la bola con el taco y así la pelota terminó en su arco. Aún sigue goleando, pero…