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Todas las campañas electorales traen sorpresas. Creo que la más importante hasta ahora es la aparición de César Acuña. No tanto porque haya figurado en las encuestas rápidamente, sino por el apabullante poder económico que exhibe.

Formalmente, APP ha gastado casi 4 millones hasta ahora, o sea más que todos los demás partidos juntos. Pero ese es el ripio. La parte del león es la enorme publicidad para, dizque, promocionar el examen de ingreso de su universidad, usando su imagen y un lema obviamente de campaña ("una raza diferente"); con ello burló la Ley Electoral que impedía hacer publicidad en esa etapa.

Acuña es multimillonario. Como dice en su declaración personal ante el JNE, para el 2015, tuvo ingresos por 56 millones de soles. (Todos hemos contribuido a su riqueza, ya que sus universidades tienen exoneraciones de impuestos). Aun así, hay una incoherencia entre esos ingresos y un patrimonio de "solo" 15 millones, pero así lo ha informado. Además, ayer El Comercio informó que ha mentido sobre su lugar de residencia. No vive en un destartalado tercer piso en San Juan de Lurigancho, sino en una mansión en Las Casuarinas. Está jugando con fuego; si ambos datos son falsos, como parece, el JNE podría sacarlo de la contienda.

El abuso del dinero afecta una campaña que requiere igualdad de oportunidades. Por ejemplo, declara poseer 63 camionetas, 15 ómnibus y 10 microbuses. Esto ayuda a entender el afán de ir con Acuña. Es que, a diferencia de todos los otros partidos que reclaman aportar a la causa común, Acuña puede ofrecer candidaturas con su pan bajo el brazo.

No se trata de simpatizar o no con sus ideas. La verdad que no las conozco y, si me guío por la gente que lo acompaña, estas pueden ir desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. El punto es: ¿cuál es el límite del dinero que un multimillonario puede ingresar a una campaña? ¿Se puede comprar la presidencia con plata como cancha?