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Los que creen en soluciones mágicas para la seguridad ciudadana han puesto de moda que los militares van a solucionar el problema. Fue esa la propuesta de Toledo y García en la primera vuelta. Ahora Keiko dice que sacará a la Marina en el Callao. Reitero: demagógico, inviable y contraproducente.

¿De dónde van a salir esos militares? Creen que pueden sacar varios miles de marinos de sus funciones y que la seguridad nacional no se afectaría. Más bien, los militares tienen un déficit de personal y no tienen guardados en algún clóset efectivos para que los políticos jueguen a la seguridad.

Aun si los hubiese, ¿qué saben los militares de delincuencia? Enfrentarla es un asunto muy diferente al de defender la integridad y soberanía del país. Ya la población se confundió con Humala, creyendo que por ser militar acabaría con la inseguridad. ¡Y miren cómo estamos! Medidas facilistas como esa fracasan. Los extorsionadores, asaltantes y sicarios podrán amedrentarse un par de semanas, pero luego cometerán sus crímenes como antes. Luchar contra el delito necesita del sistema penal funcionando y no corrompido; policías capaces de integrarse a la comunidad de un lado y, del otro, infiltrados en las bandas delictivas. Asimismo, prevención para el mediano plazo.

Supongamos (supuesto negado) que funciona: ¿Cuánto tiempo los podríamos mantener ahí? ¿Sacamos al resto de los militares de lo suyo y los llevamos a patrullar todos los barrios y las ciudades en problemas? ¿Le dará votos? No lo sé. Pero toda la experiencia internacional muestra que esa estrategia es un camino seguro al fracaso.

¿Quién se hace responsable por las víctimas? Las armas no son de adorno. Un soldado con fusil de guerra ve a lo lejos un robo. Apurado, dispara. La bala atraviesa… ¿al asaltante?, ¿a la víctima?, ¿a un niño que jugaba más allá?, ¿a más de uno de los anteriores?

(Solidaridad con los periodistas Rafo León y Fernando Valencia).