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Fuerza Popular, con un tercio de los votos emitidos, ha conseguido casi dos tercios de las curules del Congreso. Ello se explica por la cifra repartidora que favorece al que queda primero y la mejor distribución nacional de su votación. Este resultado complica a Keiko Fujimori en sus pretensiones de ganar la presidencia. Creo que ella debe ser la primera en lamentar, al menos en esta etapa, el haber obtenido tantos congresistas y ser mayoría absoluta.

Mucho más le habría convenido tener una primera minoría, algo por debajo del 50%. La razón es muy simple: hoy muchos peruanos recuerdan con preocupación lo que hizo el fujimorismo con sus mayorías absolutas en el Congreso en la época de Alberto Fujimori.

Es que el resultado le permite, poco a poco, tener todo el control del Estado, ya que, con la mayoría que tiene, va a ir ejerciendo influencia creciente en el ámbito de la justicia.

No será posible censurar a ningún ministro. No pasará ninguna ley, ni se nombrará a nadie si ellos no quieren. En muchos comienza a rondar aquello de que, si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

No creo que Keiko Fujimori esté genéticamente configurada para repetir, ni para mal ni para bien, lo que hizo su padre. La historia se escribe y puede tomar diversos cursos, muchas veces inesperados.

Pero lo cierto es que la posibilidad de que tengamos un gobierno, que maneje por beeper el Congreso (hoy por WhatsApp) es algo que intranquiliza y juega en contra de su candidatura.

Por supuesto que también debe preocupar la situación de Pedro Pablo Kuczynski, quien, en caso de ganar las elecciones, tendría solo 19 congresistas de 130. Ello lo obligaría a complejas negociaciones con todas las fuerzas políticas para aprobar aquellas leyes que no sean consensuales.

¿Qué es peor: un gobierno con demasiados poderes o uno con riesgo de carecer del suficiente?