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Estamos enredados en un falso debate sobre si las Fuerzas Armadas podrían ser la solución a la delincuencia. La mayoría de la población está desesperada y fantasea con miles de soldados que impedirán los robos, las extorsiones, el sicariato, etc.

Ya varios políticos se han sumado al carro populista de que esa es la solución. No les importa mentir y generar una nueva frustración. La razón es simple: no hay esos miles de militares sobrantes. Los cuarteles no logran llenarse para las funciones primordiales y, por tanto, salvo emergencias temporales y focalizadas, no hay esos soldados extras.

Lo que necesitamos es una Policía bien equipada, con capacidad de respuesta y moral alta. Para contar con ella se necesitan muchas cosas, entre ellas dinero. Nunca en la historia Interior ha contado con tanto. Se ha pasado, en poco más de una década, de nada a 578 millones de soles para el 2015.

Pues el congresista Eguren acaba de dar cuenta de que Interior ha gastado, a estas fechas, solo el 21%. Es decir, casi el 80% sigue guardado en el banco. Y no porque no haya en qué gastar. La Defensoría del Pueblo acaba de dar cuenta de que hay comisarías sin agua (10%), desagüe (7%) y energía eléctrica (2%).

Más de la mitad de comisarías no tiene acceso a bases de datos. El 54% está sin teléfono fijo y un 76.5% no tiene radios.

Además, demasiadas veces, cuando se gasta, se cae en despilfarro y corrupción. Hace unos días se ha tenido que anular una licitación para comprar 677 camionetas pickups en la que se había escogido la opción más cara (US$51,000). Si en lugar de tremendas camionetas se optaba por carros pequeños, se habría podido tener cuatro veces más patrulleros.

Para tener seguridad, hay que hacer que las instituciones hagan su trabajo. Por ejemplo, para un gasto eficiente y honesto, habría que poner gerentes especializados de Servir en las áreas de compras y sacar a los generales a trabajar en seguridad ciudadana.