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Ya en plena campaña electoral, no se les ha prestado atención a los resultados de aprobación al presidente y la primera dama en la última encuesta de GFK. Humala baja a 11%, su mínimo histórico y Nadine al 9%. Los que consideran que Ollanta está haciendo una gestión buena o muy buena son solo el 4%. El desgaste se extiende al primer ministro que baja a un misérrimo 12% de aprobación.

¿Qué han hecho para merecer tanto repudio? Es verdad que la economía se ha desacelerado, pero tampoco hemos entrado a una crisis severa como para explicar tamaño descontento. Es cierto que es un gobierno mediocre con solo algunas áreas de buen desempeño, pero eso no es diferente de lo que ocurría antes.

La respuesta hay que buscarla en el balance que va quedando de ellos dos. De Ollanta queda una sensación de falta de carácter y ausencia total de liderazgo. De Nadine, la de una abrumadora ambición de poder, que no se detuvo ni siquiera cuando ello llegó a afectar a su propio esposo. De ambos, que no teniendo experiencia, ni pericia alguna para gobernar, decidieron hacerlo en solitario desde una torre de marfil.

No veo cómo esta tendencia pueda variar significativamente en los pocos meses que quedan de gobierno. Más bien puede acentuarse dados los avatares judiciales que enfrenta Heredia y al futuro del Partido Nacionalista.

¿Saben cuánto tiene Von Hesse, su candidato, en intención de voto? Agárrense. ¡0,2%! Pensar que, hace no mucho, licenciaron a Daniel Urresti porque ya no alcanzaba para pasar la valla del 5% y tener representación en el Congreso.

La situación es tan desesperada que algunos de ellos (Gana Perú) piensan en una alianza con Alejandro Toledo. Pero este tiene solo 3% y no es difícil suponer que, aliado con el nacionalismo, le vaya incluso peor.

¿Regresarán Ollanta y Nadine de sus cenizas en el futuro? Las probabilidades de que ello ocurra son menores incluso al 0,2%.