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Lucía de Althaus,Opina.21

Soy una mujer adulta con dos hijas que cuidar, una casa que organizar y un trabajo demandante que hago con gusto. Y aun así me he "enganchado" con un juego electrónico, viéndome de pronto ansiosa por encontrar un momento libre en el día para poder sumergirme en el mundo de los caramelos explosivos.

Soy consiente de su efecto adictivo, y me permite entender con claridad que si esto o un juego similar cae en manos de un niño tímido e introvertido, con pocas habilidades sociales, que prefieren la soledad, o que tiene la mala suerte de tener un entorno agreste, una realidad difícil de enfrentar, pues las posibilidades de una adicción real a los juegos electrónicos son inmensas.

¿Cómo prevenimos que esto le pase a nuestro hijo? Pues, la única opción posible es ofreciéndole vínculos afectivos contundentes, presencia en la casa, comunicación verbal y afectiva, juego, alternativas entretenidas y de calidad, etc., de tal manera que no encuentre en el juego el refugio para no contactarse con su realidad. No podemos eliminar de la vida estos juegos, pero sí podemos ofrecerle una vida más atractiva que compita y gane.