(EFE)
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“De terror”. Así de contundentes fueron las palabras del decano del Colegio Médico del Perú (CMP), Miguel Palacios, para describir el subidón casi en vertical de las cifras de contagios y muertes que el COVID-19 está infligiéndole al Perú en esta segunda ola, y que de inmediato rebotaron tanto en las redacciones periodísticas como en las redes sociales.

No es para menos. El domingo 18 se alcanzó el pico máximo de muertos en un solo día en territorio nacional, 433 occisos: los guarismos más altos desde el inicio de la pandemia. Días antes, el Ministerio de Salud había anunciado que Lima y el Callao habían vuelto al nivel de riesgo extremo, con lo que se retornaba a las restricciones de hace unas semanas, que incluyen toque de queda a las 9 de la noche e inmovilización dominical.

Previendo lo que podría ocurrir, sería tan conveniente como democrático empezar vacunando a los dos candidatos presidenciales que disputarán la segunda vuelta, pues ambos tendrán que librar duras campañas, exponiéndose inevitablemente a un posible contagio. El ministro de Salud y la primera ministra deberían disponer de inmediato su inmunización. Las reglas de la democracia así lo exigen.

En un contexto en que, además del avance vertiginoso de la enfermedad, la saturación de las camas UCI, las mutaciones que hacen aún más indetectable al virus, un proceso de vacunación moroso, con tantas idas y venidas que ha obligado al Gobierno a cambiar de sistema sobre la marcha, debe sumarse el hecho de que la ciudadanía también se está descuidando.

No es nada raro ver en las calles, en pleno horario del toque de queda, a gente circulando en grupo o a establecimientos expendiendo vituallas, comida o bebidas alcohólicas. Lo mismo en centros de abastos, grandes comercios y supermercados, donde la distancia social muchas veces deja de respetarse. El CMP ha respaldado la disposición del Minsa sobre el uso obligatorio de protectores faciales –aparte de las mascarillas– en estos lugares, pues los considera zonas de alto riesgo.

Los desórdenes y tumultos registrados en los mítines de campaña tampoco ayudarán a bajar la tendencia ascendente en la propagación de las infecciones. El Gobierno debería tomar la decisión de proteger a los dos candidatos.