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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

No pudo y, al irse sin palabras, envió un fuerte mensaje que cada cual sabrá interpretar.

Esta renuncia tiene para mí un correlato con todo lo que sucede en nuestro convulsionado planeta. La diferencia es que el planeta, por ser una hidra de varias cabezas, no se afecta por la renuncia de una de ellas y la moral es solo una palabra que acompaña las mentiras de turno.

El correlato es la imposibilidad, por los múltiples y cruzados intereses existentes, de hallar una salida al entrampamiento medioambiental, financiero, económico y social en el que estamos empantanados.

Hemos creado un monstruo con vida propia que subordina, incluso en el caso de los poderosos, las conductas a seguir. El tema ambiental, que debiera ser prioritario, es postergado una y otra vez por quienes tienen posibilidades de actuar.

Obligar a la industria a contaminar menos significa un pecado de lesa competencia, y nadie osaría someter a las empresas a semejante castigo. Antes muertos, como efectivamente sucederá si seguimos así. Combatir los paraísos fiscales es otra misión imposible. Daña al poder, incluido el poder del narcotráfico, que está más ligado a redes oficiales de lo que osamos imaginar. Hacer justicia con los países obligados a pagar una deuda externa ilegítima es otra tarea pendiente. Todo lo mencionado está atrapado en un engranaje que subordina los dictados de la razón.