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Alfonso Grados,Opina.21agrados@intercorp.com.pe

La salida de Roberto Mosquera del Sporting Cristal generó polémica, arreciando las críticas hacia la directiva celeste, tildándolos de apresurados, injustos y poco coherentes. ¿Por qué tanto ruido?

Varias razones: se trata de un técnico respetado, campeón y fiel hijo de la casa, que seguía peleando los primeros lugares del torneo; las dos recientes tragedias celestes empañaban el análisis; surge la percepción de injerencia dirigencial en atribuciones del técnico. Las explicaciones oficiales no ayudaron y más bien generaron reacciones encontradas (pérdida de un estilo, resultados insatisfactorios, desgaste en la relación).

Lo cierto es que con un plantel de menor jerarquía, el equipo se "alejó" de un estilo agresivo, dinámico, vistoso. Este Cristal no es punzante, presiona menos, tiene pocas variantes ofensivas. Por ende los resultados no fueron buenos: eliminación en Copa, empates dolorosos en casa, goleadas encajadas de visita. Ante esto, la postura del DT fue pobre: nula autocrítica, análisis superficial, poco sentido de urgencia. Conocida la obsesión del club por alcanzar objetivos trascendentes, no sorprende pues que la relación con Mosquera se haya quebrado.

Esperemos que las decisiones que se tomen acerquen a los rimenses al nivel de excelencia anhelado. De ser así, la polémica concluirá y la Raza Celeste saldrá fortalecida. Si no, será la dirigencia quien deberá revisar lo actuado y ajustar clavijas.