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Fritz Du Bois,La opinión del directorLuego de algunas semanas traumáticas, es alarmante cómo los congresistas se están desprestigiando. Del escandaloso blindaje a Toledo pasaron por la indignante repartija de cargos y terminaron en el desmembramiento de algunos grupos parlamentarios. Para colmo, no ayudó a su reputación que diversas exlegisladoras oficialistas fueran acusadas de estafa, terrorismo o narcotráfico. Sin embargo, no parece existir voluntad de enmienda a la luz de los designados a las presidencias de algunas comisiones de trabajo.

Así tenemos que han propuesto a un exvicepresidente –quien juró lealtad a la anterior Carta Magna, que fue obligado a renunciar por 'no caminar derecho' y que se salvó, por un pelo, de ser desaforado– para que presida Constitución. Difícil pensar en un nombramiento más desacertado. Además, un acusado por proxeneta dirigirá Pueblos Andinos; se hará cargo de Descentralización un candidato a incendiario, y en Fiscalización han designado a un exalcalde cuyos manejos fueron cuestionados. Es evidente que no escarmientan en el Parlamento y, simplemente, continúan como si nada hubiera pasado.

Por otro lado, algo similar le viene ocurriendo a un gobierno claramente desgastado –aunque aún le quedan tres años– y que va de escándalo en escándalo, desde audios de ministros presionando a magistrados, hasta funcionarios metidos hasta el cuello con el terrorismo y el narcotráfico. Pero tampoco parecen darse por enterados y, en lugar de reflexionar en cómo enmendar sus pasos, siguen propiciando una confrontación con la oposición que les está costando caro.

En realidad, da la impresión de que el Ejecutivo ha perdido la brújula y no sale del barullo diario. Lo cual crea innecesariamente una sensación de inestabilidad y ello, a su vez, acelera el creciente pesimismo tanto del consumidor como del empresariado. Es como si el Gobierno se estuviera suicidando al estar tirando al tacho el motor que nos ha venido impulsando, que es el entusiasmo. Más aún, en lugar de resaltar nuestras fortalezas frente a los otros países de la región, el Gobierno se mete en líos de callejón que solo sirven para magnificar la precariedad del escenario político peruano.

Al final, el riesgo es no solo que desperdiciemos la mejor oportunidad que hemos tenido en 50 años para desarrollarnos sino que, además, perdamos lo avanzado. Ya que a este paso podemos terminar en una crisis política quién sabe con qué resultados.

Por ello, es urgente que los parlamentarios más serios realicen un esfuerzo colectivo para evitar que el desprestigio del Congreso se continúe agudizando. Mientras que le corresponde al mandatario deshacerse de agotados secretarios y reemplazarlos por colaboradores de peso que realmente aporten algo. En ese momento el país podrá recuperar el rumbo y el paso que estamos extraviando.