Gastón Acurio
Gastón Acurio

Los peruanos vivimos hoy un momento confuso. Por un lado, desde hace algunas décadas, hemos abrazado un modelo que dejó atrás la idea de que era el Estado quien tenía que controlarlo todo. Hoy, los peruanos creemos que somos nosotros los dueños de nuestro destino y que es nuestra voluntad, talento y perseverancia lo que hará posible alcanzar nuestros sueños. Es en ese nuevo escenario que el Estado claramente juega hoy un nuevo rol para los ciudadanos: el de utilizar correctamente los recursos que recauda fruto de su esfuerzo para destinarlos a políticas públicas que garanticen la estabilidad económica y la igualdad de derechos y obligaciones, promover la generación de oportunidades para todos, brindar servicios públicos de alta calidad en educación, seguridad, salud y justicia, y fomentar las buenas relaciones internacionales, buenos acuerdos comerciales y la buena imagen del Perú en el mundo, mientras hace lo mismo en territorios vitales para la autoestima, el liderazgo, la convivencia y espíritu cívico de los ciudadanos a los que sirve, como son la cultura, la ciencia, la innovación, el medio ambiente, el deporte, la tolerancia y la libertad.

La confusión surge debido a que, salvo contados casos de probada eficiencia, son muchos los aspectos en los que el Estado no solo no cumple con lo que sus ciudadanos esperan de él, sino que, en algunas ocasiones, lo que hace es ponerles trabas, darles la espalda y enviar constantemente señales negativas y malos ejemplos de una clase política que, excepto honrosas excepciones, lo único que logra con sus palabras, gestos y acciones es desmotivar y confundir a ciudadanos que se levantan cada día a salir adelante con su propio esfuerzo, pero que simplemente sienten que el Estado está allí no para ayudarlos en la tarea, sino, por el contrario, para crearles problemas o desanimarlos. Y así, en esa confusión, ocurre lo inevitable. Los ciudadanos, al fin y al cabo seres humanos, ante este escenario, de pronto tienden a caer en la confusión de no saber si todo el esfuerzo de ser un ciudadano ejemplar vale la pena y, por ende, se empuja a algunos de ellos a la tentación de dejar de creer en el respeto a la ley y el orden, en las oportunidades de ser formal, en el deber de pagar nuestros impuestos, en el respeto a mínimas normas de convivencia, en la defensa irrestricta de la libertad, la tolerancia y las diferencias, o, lo que es peor, empujarlos a la posibilidad de volver a caer en ese hoyo oscuro que es el de una sociedad que deja de soñar.

Por ello, en esta hora oscura y confusa, es que la voz del ciudadano parece unirse en un mismo reclamo que se oye a lo largo y ancho de todo el Perú: se busca un líder. Sí. Un líder que reúna todas esas condiciones de los grandes líderes de la historia de la humanidad. Aquellos que, dotados de voluntad y espíritu inquebrantable, fueron capaces de conducir a sus pueblos hacia un destino común por el cual todos estuvieron dispuestos a sacrificarse para perseguirlo sin miedos ni límites. Un líder cuyo ejemplo de vida le permita mirar de frente y dirigirse a su pueblo con firmeza, transparencia, pasión y responsabilidad, animándolos a soñar un destino distinto en el cual todos, Estado y ciudadanos, asuman con convicción los sacrificios que demande alcanzarlo. Un estadista como Churchill, que piense en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Un unificador como Mandela, que sepa mirar con generosidad el pasado en función del presente para no perderse el futuro. Un defensor de la justicia como Lincoln, capaz de proteger a las minorías de la dictadura de las mayorías. Un soñador como Luther King, que crea hondamente que no se arranca la vida en vano si se puede llevar esperanza a aquel que la haya perdido. Todos ejemplos de líderes demócratas que supieron llevar a sus pueblos hacia un destino común superior e irreversible con sabiduría, convicción y responsabilidad. Todos ejemplos que, en una u otra forma, representan esas virtudes que los peruanos queremos encontrar en la clase política que hoy nos representa. Sí. Se busca un líder capaz de encarnar todas estas virtudes que surja de nuestra clase política y que, con sus palabras, su ejemplo, ideas y acciones, sepa marcar y definir un camino que todos, unidos, podamos abrazar y construir de una vez y para siempre. Se buscan líderes, ojalá los encontremos pronto.