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La botica sigue abierta

“Hacer que sus protegidos y colegas den la cara al país y respondan sobre acusaciones de actos dolosos no parece estar en el vademécum de la botica fujimorista”.

Fuerza Popular

Nuevos chats muestran cómo se manejaban algunos asuntos al interior de Fuerza Popular. (Foto: GEC)

La botica sigue abierta. (Foto: GEC)

Editorial Perú21
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Las redes sociales son una tierra de nadie donde la imprecación, la calumnia, el insulto, la mentira y el rumor circulan sin semáforos ni límites de velocidad o volumen. Y aunque en los últimos años se toman cada vez más medidas para contener o regular este flujo, que ya bastante daño ha causado en distintas democracias alrededor del planeta, no va a ser nada fácil desterrarlo del todo, pues se trata de un recurso estratégico para debilitar a las fuerzas de la razón, al que suelen apelar, justamente, quienes no la tienen ni la han tenido nunca.

La última difusión de las conversaciones del colectivo La Botica, el chat grupal que comparte la bancada de Fuerza Popular en el Congreso, demuestra lo que se sospechaba hace mucho tiempo, que esta tienda política posee una organizada cuadrilla nerd conocida como ‘fujitrolls’, dedicada a hostigar desde sus computadoras a cuanta iniciativa democrática o anticorrupción se cruce en su camino.

“A nivel del Congreso, guardar reserva me parece bien. Pero a nivel de las redes… ¡Sacarles la mugre!... Siempre por terceras banderas, es decir, que no aparezca identificada la fuente, como congresistas, ni como Fuerza Popular”, exclama, en un subidón de exaltación bélica, el general PNP (r) Marco Miyashiro, quien, para enfrentar al supuesto enemigo, prefiere demostrar su valor como ex hombre de uniforme poniéndose no un mandil del color que él mismo podría escoger, sino parapetándose virilmente en el anonimato de las redes sociales.

Su colega de bancada Tamar Arimborgo, dejando de lado las disquisiciones sexológicas que le dieron una humorística celebridad en debates recientes, también se deja llevar por el arrebato bélico y, cual entorchada generala, llama a “dar la batalla” en ese mismo reducto de la anonimia, como quien arenga a la horda ‘fujitroll’, diciendo “síganme los buenos” (con perdón, desde luego, del gran Chespirito).

Hacer que sus protegidos y colegas den la cara al país y respondan sobre acusaciones de actos dolosos –exjuez Hinostroza, fiscal Pedro Chávarry, parlamentarios Becerril, Salazar et al.– no parece estar, en cambio, en el vademécum ideológico de la botica fujimorista.

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