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Un periodista no puede hacer que un candidato gane una elección pero puede ayudar a impedirlo. No puede impedirlo, ojo, pero puede ayudar. Que Ollanta Humala sea hoy presidente del Perú es la mejor prueba de que los medios de comunicación peruanos ya no pueden poner un presidente. Todos recordamos las lóbregas advertencias que, sobre él, se nos hicieron a través de miles de primeras planas de la época y vaya que ahora lamentamos haberles hecho caso omiso. En el 2011, semanas antes de la segunda vuelta, un colaborador de este diario publicó una columna titulada: "Mi voto es por Keiko" en circunstancias en que América TV lo había contratado para que, sistemáticamente bombardeara la candidatura de Humala, domingo a domingo, hasta hacerla polvo. No lo logró. Al mismo periodista, sin embargo, se le atribuye el extraño mérito de que Susana Villarán ganara la Alcaldía de Lima. Error. No la hizo ganar. Lo que hizo, en realidad, fue impedir que ganara Lourdes Flores, difundiendo el histórico poto-audio que, hoy sabemos, fue chuponeado y grabado por la mafia de Orellana. No es lo mismo pero, al final, da igual. Mi fin justifica tus medios. Mi fin, es decir: mi final.

He traído este temita a colación para hablar sobre la chica de moda: la combativa congresista de Acción Popular (¿?), ex amiguis parisina de Nadine, lideresa de una agrupación política con nombre de libro de lectura de la reforma educativa del general Velasco: "Sembrar" y hoy precandidata a la presidencia de la República por el Frente Amplio, Verónika Fanny Mendoza Frisch.

Empezaré diciendo que comprendo perfectamente el arrobamiento, la rendida fascinación que ha despertado en muchos de mis amigos. Y lo entiendo porque, no sé de qué callada manera, lo comparto. Un poquito. Me encanta ella. Las razones no son pocas. En un congreso con una clamorosa mayoría borrica y/o analfabeta funcional, Verónika es inteligente y culta. En un congreso de viejos vinagres, es fresh y jovencísima, nació en 1980, el año del retorno a la democracia y ni siquiera ha cumplido aún los 35 reglamentarios para postular. En un Congreso de lobbistas angurrientos y arregladores, luce honesta, (de manera preventiva, estoy usando el verbo lucir como sinónimo de parecer). En un congreso de moticucos y mostrencos contrahechos, es guapa. Casi diríamos a su pesar, porque no solo no se esmera nadita en resaltar su sencilla pero obvia belleza sino que, en el fondo, pareciera padecerla como si fuera una cruz que le hubiera tocado cargar. Le agradezco que haya defendido tan ardorosamente una causa como la Unión Civil que –en este congreso de momios polvorientos– era, desde el saque, una causa perdida. Son las batallas perdidas de antemano las que estamos obligados a pelear. Ahora bien, juventud, belleza, inteligencia y cultura general son atributos con los que el peruano de a pie soñaría –más que para su presidente– para su esposa, ¿verdad? Lógico. ¿Cómo no enamorarse a primera vista de la jeune fille de Andahuaylillas, de la revolucionaria del "Hagámoslo juntos"? Créanme: los pulpines templados de Vero se multiplican y apuesto a que, en un abrir y cerrar de ojos, serán legión. "¡Es el tsunami de la esperanza!" –ha exclamado, gozoso, el laureado escritor Diego Trelles. ¿Exagera? Pamplinas. Se queda recontra chicote. Disfruten, si no, el almibarado pero hondo lirismo con que el extasiado colega Fernando Ruiz de La Mula da inicio a una bombástica semblanza rococó: «Cada vez que recoge su melena y la enrosca con las manos para ponerla sobre su hombro hace una pausa mental; quizá este acto reflejo sea para tomar aliento y esforzarse en llegar a una simbiosis entre una reflexión compleja y el lenguaje diáfano que utiliza. Y se me ocurre que Verónika Mendoza trenza también en esa larga melena la cosmogonía quechua y el racionalismo francés». Oh-la-lá! Mon Dieu! C'est l'amour! L'amour fou!

Pero mejor dejemos las citas textuales de Pepe Le Puf y vayamos al mapa: a ojo de buen cubero, debo haberla entrevistado una decena de veces y creo haberla tratado siempre con amabilidad y –me atrevería a decir– hasta con simpatía que no es una cualidad que me brote muy a menudo. Esta semana, después de haber lanzado, desde Cusco, su precandidatura hablando siempre en primera persona del plural y sin decirnos jamás que lo que, en verdad, quiere es ser nuestra primera presidenta, Vero ha paseado su graciosa figura por todos los programas imaginables. La he escuchado con papel y lápiz en todos y, pese a que entrevistar a un político al que acaban de entrevistar todos los demás entrevistadores del país no es, pues, un escenario soñado para ningún entrevistador, la invité a venir esta noche en vivo a La Noticia Rebelde. Pues alucinen que reboté con roche. Me arrochó. Me dijo que no. Me choteó. Les ahorraré aquí la clásica pataleta del conductor desairado que, dedito en ristre, lanza públicos desafíos. Ella es tan libre de no venir como yo de invitarla. Total. Esta semana estás de moda y la próxima, veremos. Que Toledo, Martha Chávez, Josué Gutiérrez y el almirante Tubino le hagan buena compañía en la honrosa lista de los políticos que nunca volverán a mi set. Me he preguntado, sin embargo, cuáles serán las posibles razones de su rara negativa. ¿A qué le teme? ¿Al ridículo? Podría ser. Quizá tenga miedo, por ejemplo, de que la reciba disfrazado del Che, de Fidel o de Hugo Chávez. O de que, cual si fuera una candidata tradicional, la comprometiera a bailarse un huainito vestida de ñusta aunque, ahora que me acuerdo, el huainito vestida de ñusta ya se lo bailó en la nota que les dio a nuestros reporteros meses atrás y en la que, como garantía de honradez, les abrió las puertas del coqueto depita clasemediero que comparte con su compañero, el trovador Jorge Millones, cantor de protesta sin millones, aspirante a Primer Caballero de la Nación. ¿A qué pregunta le teme Verónika Mendoza? Les teme a las repreguntas que sigue toreando y que no quiere contestar. Ella nos ha jurado que quiere liderar la lucha contra la impunidad, la corrupción y la inseguridad. Extraordinario porque no hay en América un país que sufra más impunidad, corrupción e inseguridad que Venezuela. Doscientas cincuenta mil muertes violentas son el sangriento legado de 16 años de chavismo-madurismo en un país agonizante cuya dictadura ruin encarcela, tortura y asesina. ¿Es Venezuela una democracia, Verónika? «Bueeeno, allá se han dado procesos electoraaales…» ¿Sí o no? «Miiira, no creo que el debate electoral deba centrarse en Venezueeela…» ¿Sí o no, Verónika? «Sería un fracaso tener que elegir entre un candidato corrupto, otro indultador de narcotraficantes, otro que remató al país…» ¿Y otra cuya agenda para hoy es huevearnos al más puro Ollanta style? Alguna hipoteca tendrás cuando no puedes responder una simple pregunta cerrada con un sí o un no. Y mientras sigas haciéndote la cojinova, yo no te creo ni lo que comes, preciosura.