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"Siete hijos, quince nietos y siete bisnietos son sus principales atributos". Así arrancaba, hace un par de días, una simpática nota del decano que intentaba ensalzar a la nonagenaria ganadora del concurso La Nona Chosicana, certamen que rinde tributo a la mujer de la tercera edad y a su "pujanza" (sic). Repámpanos. Valiente elogio. Si su multípara pujanza es el mayor mérito que puede encontrarse en una persona, parecería que no hizo otra cosa en su vida que reproducirse, milagro este que la mayoría de seres del reino logra sin necesidad de ninguna destreza ni talento especial. En Café Twitter nos reímos un rato de la ocurrencia y luego todos pasaron a otra cosa. Pero yo me quedé con la pensadora. Estoy seguro de que hubo muchos lectores que encontraron encomiable lo de la numerosa prole y asintieron en silencio. Todo el mundo sabe que no has triunfado en la vida si no te has reproducido. No te has logrado del todo. Es una de esas cosas que en el fondo piensas, pero nunca dices. Es políticamente incorrecto decir, en público, que una persona soltera y sin hijos es un humano trunco o incompleto, pero lo cierto es que aquí hay un huevo de gente que, de verdad, lo piensa. De ahí el clásico "tú, ¿por qué no tienes hijos?". De ahí el éxito multitudinario de las famosas "marchas por la vida" que nunca se sabe exactamente qué defienden o qué atacan. Traigo este asunto a colación no a propósito de mí, sino de la inminencia de las elecciones. ¿Qué tiene que ver? Me temo que mucho más de lo que uno se imagina.

Partamos del siguiente estudio de caso: Lourdes Flores. La misma que alguna vez se comparó a sí misma con Tilsa: soy soltera, piensen lo que quieran. Lulú ha participado en cuanta elección se ha celebrado en esta viña, ha movido cielo y tierra pugnando por convertirse en presidenta o, más que sea, en alcaldesa, y siempre se ha ido de cara trágicamente y, a veces, injustamente. Una vida entera de dedicación a la política hubiera merecido un destino más digno que la desesperación de tener que terminar lanzándole el calzón (con bobos) a Alan García. Vamos. Mejor suerte que la que parece acompañar, en estos días, a tanto advenedizo. ¿Qué le falta a Bad Luck Lourdes para coronar? ¿Experiencia, verbo, arrastre, cultura general? Ninguna de las anteriores. Que Dios me perdone por lo que voy a decir, pero él sabe que no miento. Lo que le falta a Lourdes para hacerla linda es marido. Un marido y muchos hijitos de los cuales alardear en la familia feliz del bumper sticker de su mionca. Hijitos dentro o fuera del matrimonio, no importa, eso después se arregla en conferencia de prensa. La cosa es que al candidato se le conozca mujer y que ella nos caiga bien, que nos guste, que la aprobemos, que sea una lady por sus cuatro costados, como si, en lugar de la mujer del futuro presidente, se tratara de nuestra futura cuñada. "¡Nosotros no votamos por Nadine!", se lloriquea por calles y plazas, ahora que ya todo está consumado. ¿Ah, no? ¿Seguro? Piensen de nuevo. Por supuesto que votaron por ella y por la postal de bonita normalidad que nos vendían sus spots de campaña: su imaginaria familia perfecta de folleto evangélico: peruanaza, emprendedora y en blue jeans. ¿Y de la bondadosa y abnegada Eliane Karp, qué me cuentan? ¿Me van a decir que no fue por aquella gringuita quechuahablante y huainobailante por quien votaron en 2001? ¿Se acuerdan? Ahora, olvídenlo. Ejem, ejem. Mejor no hablar de ciertas cosas.

No hay que ser Favre para saberlo. A tus tías les encanta que te cases con extranjero y al resto del país también. Es algo así como un signo exterior de riqueza, como manejar un Meche, más o menos; es una prueba irrefutable de que has triunfado. Esposo gringo la rompe siempre y Keiko lo sabe, bandereando al insípido Mark. Si funciona para la Flor de Huaraz y el Gringo Karl, funciona para todos: desde el candidato shipibo Miguel Hilario y su polaca hasta the outsider Julio Guzmán and his all-american wife. Esposo gringo no tiene pierde aunque, como siempre, aplican restricciones. La esposa gringa de PPK, por ejemplo, que carece clamorosamente de ají y ya casi necesita intérprete. Ya demasiado gringa, casi gringa Inga ya. En 2011, la mostraron un ratito, como quien dice, por compromiso y luego la escondieron para siempre, como tendrían que haber hecho –ese mismo año– con Eliane pues, cuando se dieron cuenta, el daño estaba hecho. ¿Se imaginan ustedes lo que ocurriría si a Vargas Llosa se le antojase venir a postular por segunda vez? El Virreinato de Lima caería rendido a los pies de la exquisita Isabel Preysler. Joder, tío. ¡Esa sí que sería la primera dama que nos merecemos! Una genuina socialité. Una que no necesite esperar a que el maridito salga presidente para debutar en la carátula de ¡Hola! Mi sangre, aunque plebeya también…

A pesar de su conocida afición por los coquetos selfies con simpáticas damitas, Alan García sigue casado. No está divorciado de Pilar Nores, pero ella, con esa distinguida rigidez de institutriz británica que la caracteriza, ya se manifestó a favor de un eventual tercer mandato en el que, a tono con la modernidad, la discretísima y glam Roxanne Cuqui Cheesman podría convertirse en la primera-primera dama soltera de la historia. Del otro lado del espectro, César Acuña sí que está recontra divorciado de la congresista solidaria Rosa Núñez, quien, cada cierto tiempo, reaparece –como Glenn Close– para hacer resonar sus tambores de guerra. Cuando uno lee las indignadas entrevistas que concede, da la impresión de que nunca se terminarán de divorciar. En una declaración que trajo a la memoria el célebre reclamo público de la actriz Marisol Aguirre cuando dijo que la plata que le pasaba su ex "no alcanzaba para que sus hijos coman carne", la otrora Rosita de Acuña se lamentó en estas mismas páginas de que solo recibe 111 mil soles mensuales de su ex y que ya está alistando un plantón feminista. ¿Quién puede vivir con 111 mil soles (más los 30 mil de su sueldo de congresista)? ¿Ciento ochenta y ocho sueldos mínimos al mes? ¿Cómo se las arregla? "La gente pensará que es mucho –se explicó a sí misma–, pero yo tengo que hacer muchos pagos". Pobre. La única que, claramente, no tiene ningún rollo con su compañero de Chilingui es la candidata del Frente Amplio, estoy hablando de (me cuidaré esta vez de no escribir aquí ningún adjetivo sexista ni falocéntrico) Verónika Mendoza. Su pata no representa amenaza alguna para nadie: es un juglar, un trovador, un libérrimo cantautor de protesta y lo más grave que podría pasarnos si el broder llega a Palacio –y la Vero va– es que termine convirtiéndolo en una inmensa sucursal de La Estación de Barranco a los acordes de "¿qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿Qué cosa fuera la maza sin cantera…?".

Y tú, hipócrita elector: ¿por cuál de todos estos cónyuges vas a votar?