Que son duros los tiempos y que exigen la entereza y solidaridad de todos los peruanos es una frase motivadora, dramática, que de tanto repetirla –variantes más, variantes menos– hasta los niños la han aprendido de memoria. Llega el momento, sin embargo, en que esa y otras frases hechas deben convertirse en gestos sólidos y consistentes.

El país está enfrentando la pandemia con todos los recursos a su alcance. El aislamiento social obligatorio tendrá que empezar a revertirse por zonas y grupos, pero todos debemos seguir comprometidos con esta batalla, cuidándonos y respetando las disposiciones vigentes; pero igualmente imperativo es que se echen a andar ya-ya, como suele decirse, las estrategias para reconstruir la economía nacional.

Ayer se publicó en El Peruano el reglamento operativo del plan Reactiva Perú, que lleva como eje un conjunto de medidas financieras para recuperar a las fuerzas productivas del país. Se trata de un paquete de garantías de 30,000 millones de soles del Banco Central de Reserva que pone al Estado como garante de créditos para las empresas afectadas como consecuencia del coronavirus, y para que la banca privada preste ese dinero a tasas bajas para que se paguen los salarios de los trabajadores.

Ahora, la ciudadanía espera que los bancos actúen con generosidad y patriotismo y que lo hagan con la celeridad que la situación exige y amerita para que no se rompa la cadena de pagos y para evitar que más empresas quiebren. La tasa a la que el BCR presta el dinero es de 0.25%, los bancos le añadirán a ese porcentaje la inflación, los costos operativos y una prima por riesgo. El objetivo es que las empresas que necesiten prestarse no paguen, dentro de un año, altos intereses. El BCR facilitará el dinero y el MEF actuará como garante para reducir el riesgo que asumen los bancos y para que las tasas sean bajas.

Así como es vital el compromiso de todos los peruanos para evitar que el COVID-19 cobre mayor número de víctimas, es vital que la banca privada se comprometa con el sostenimiento de la cadena de pagos a sabiendas de que es un asunto de supervivencia y fundamental para el propio sector financiero. Lo que no puede ocurrir –cuando termine el encierro– es que las colas de empresarios quebrados frente al Indecopi sean más largas que las que vemos hoy frente a los supermercados.

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