(Presidencia)
(Presidencia)

Fue ciertamente un mensaje que, en lo central, buscó tender puentes allí donde estos se habían roto. Un talante casi inevitable, ya que al presidente Martín Vizcarra le queda un año en el cargo, pero con algo más que una dura tarea por delante si tenemos en cuenta la pandemia que no deja de acechar, el desmoronamiento de la economía nacional y la necesidad perentoria de celebrar unas elecciones presidenciales que puedan mejorar la calidad de nuestra representación política.

Sin embargo, respecto a esos mismos temas, hubiera sido deseable –aunque sea– una modesta dosis de autocrítica, ya que son harto conocidos los gruesos fallos de política sanitaria cometidos durante el confinamiento y el retardo –por no decir inacción– en tomar medidas para reactivar el aparato productivo del país, que hasta el día de hoy mantiene sectores atrapados en una nebulosa burocrática que los está llevando a la ruina. Y para la reforma política soñada no es que hayan sido beneficiosos algunos innecesarios, casi efectistas enfrentamientos con este Congreso, institución de la cual los peruanos tampoco podemos estar tan orgullosos: si el llamado Pacto Perú, al que el presidente ha convocado, será más que otro saludo a la bandera, el tiempo lo dirá; en todo caso, el espacio para discutirlo sería el Acuerdo Nacional, una institución democrática a la que el presidente Vizcarra no le ha prestado ninguna consideración, como si nos sobraran instituciones.

Hubo anuncios importantes, asimismo; entre ellos destaca la decisión de impulsar los proyectos de las líneas 3 y 4 del Metro de Lima, bajo el mismo modelo de Project Management Office (PMO) de los Juegos Panamericanos, que no solo se limitarán al tren eléctrico, sino que constituirán una cartera de inversiones que ascenderá a 30,000 millones de soles. Otros 20,000 millones fueron mencionados para reforzar el sector Salud, aunque con las gravísimas limitaciones administrativas del Estado, puestas al crudo descubierto con la emergencia sanitaria, bien podría haberse anunciado un plan para desburocratizar el sistema.

En el papel, pues, todo suena bonito, casi melodioso. Lo que falta es saber cómo se concretarán estas y las otras patrióticas promesas del discurso y, desde luego, de dónde saldrá el dinero y la eficiencia para ejecutarlas.Fue ciertamente un mensaje que, en lo central, buscó tender puentes allí donde estos se habían roto. Un talante casi inevitable, ya que al presidente Martín Vizcarra le queda un año en el cargo, pero con algo más que una dura tarea por delante si tenemos en cuenta la pandemia que no deja de acechar, el desmoronamiento de la economía nacional y la necesidad perentoria de celebrar unas elecciones presidenciales que puedan mejorar la calidad de nuestra representación política.

Sin embargo, respecto a esos mismos temas, hubiera sido deseable –aunque sea– una modesta dosis de autocrítica, ya que son harto conocidos los gruesos fallos de política sanitaria cometidos durante el confinamiento y el retardo –por no decir inacción– en tomar medidas para reactivar el aparato productivo del país, que hasta el día de hoy mantiene sectores atrapados en una nebulosa burocrática que los está llevando a la ruina. Y para la reforma política soñada no es que hayan sido beneficiosos algunos innecesarios, casi efectistas enfrentamientos con este Congreso, institución de la cual los peruanos tampoco podemos estar tan orgullosos: si el llamado Pacto Perú, al que el presidente ha convocado, será más que otro saludo a la bandera, el tiempo lo dirá; en todo caso, el espacio para discutirlo sería el Acuerdo Nacional, una institución democrática a la que el presidente Vizcarra no le ha prestado ninguna consideración, como si nos sobraran instituciones.

Hubo anuncios importantes, asimismo; entre ellos destaca la decisión de impulsar los proyectos de las líneas 3 y 4 del Metro de Lima, bajo el mismo modelo de Project Management Office (PMO) de los Juegos Panamericanos, que no solo se limitarán al tren eléctrico, sino que constituirán una cartera de inversiones que ascenderá a 30,000 millones de soles. Otros 20,000 millones fueron mencionados para reforzar el sector Salud, aunque con las gravísimas limitaciones administrativas del Estado, puestas al crudo descubierto con la emergencia sanitaria, bien podría haberse anunciado un plan para desburocratizar el sistema.

En el papel, pues, todo suena bonito, casi melodioso. Lo que falta es saber cómo se concretarán estas y las otras patrióticas promesas del discurso y, desde luego, de dónde saldrá el dinero y la eficiencia para ejecutarlas.