Sin vergüenza

"Nunca hubo una opción de cambio; el partido de Keiko Fujimori es el mismo que el del padre, solo que más severo, más descarado. No le deben explicaciones a nadie por sus blindajes cada vez más evidentes".

César Hinostroza (Mario Zapata/Perú21)

César Hinostroza (Mario Zapata/Perú21)

César Hinostroza (Mario Zapata/Perú21)

César Hinostroza (Mario Zapata/Perú21)

Augusto Thorndike
Augusto Thorndike

Lo que hizo la comisión permanente luego de una oscura sesión de madrugada es algo que terminará de sepultar la ya devastada imagen del Congreso controlado por la mayoría fujimorista. El ADN político de Fuerza Popular no permite a sus miembros entender la democracia. Es un estorbo, un trámite innecesario, una piedra en el camino. Su sangre autoritaria hace que brote su verdadera percepción de la realidad: es necesario imponer sus ideas a la fuerza, “por el bien del país”.

Nunca hubo una opción de cambio; el partido de Keiko Fujimori es el mismo que el del padre, solo que más severo, más descarado. No le deben explicaciones a nadie por sus blindajes cada vez más evidentes.

Es obvio que César Hinostroza guardó un as bajo la manga al no revelar quién era la “señora K” de “la fuerza número uno” (algo que -en realidad- queda claro para todos). Solo así se entiende que ayer hayan votado en contra de que a Hinostroza y compañía se les investigue por formar parte de una organización criminal.

Lo de estos malos jueces es aún peor: ¡habían convertido al poder judicial en una organización criminal! Favorecían a estafadores, narcos, violadores. Todo envuelto en un soez intercambio de favores al son del “hermanito”. Inmersos en una orgía de vulgaridades, se hacían ricos con el dinero negro de los delincuentes que les compraban absoluciones. La protección a la mafia de los “cuellos blancos”, cuyo cabecilla –para la fiscalía- es precisamente César Hinostroza, fue gracias a los votos del partido Fuerza Popular en la comisión permanente.

Lo hicieron cuando nadie estaba mirando, al mejor estilo de las maniobras del “Doc” en la dictadura del padre del fujimorismo. Sin la posibilidad de investigarlos por pertenecer a una organización criminal, las potenciales condenas se reducen a casi nada. Así, han logrado terminar de matar la investigación de las fiscales Sandra Castro y Rocío Sánchez (ya Pedro Chávarry —sí, uno de los implicados en el caso— les había negado recursos para sacar adelante su importante misión).

Esta es la justicia a la medida de Rodríguez Medrano, la ceguera selectiva de Blanca Nélida Colán. ¿Cómo esperamos que Fuerza Popular combata la corrupción si ellos mismos están implicados en los casos?

Héctor Becerril ha negado lo evidente sobre sus ilícitas maniobras para colocar al presidente del CNM. Keiko Fujimori ha negado que haya sostenido una reunión (según testimonio de un aspirante a colaborador eficaz) con el cuestionado vocal supremo César Hinostroza, que luego admitió un recurso de casación para tumbarse la investigación del caso cócteles.

El Congreso ya no es más el foro donde se debaten las leyes para beneficio de todos los peruanos. Se ha convertido en la lavandería personal de un grupo de delincuentes que, en vez de salir embarrados por sus evidentes delitos, terminan pasando por el enjuague fujimorista. Sus cuellos están más blancos que nunca.

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