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Juan Claudio Lechín,Desde New YorkAnalista político

El representante de la minera canadiense y el del prestigioso bufet peruano de abogados brindan con vino Chateux Margaux-1988, en el exclusivo restaurant Canoe, en Wellington Street de Toronto. La trasnacional extractiva considera que un buen bufet resuelve cualquier problema.

No han terminado la primera copa cuando les informan por celular que la mina que durante varios años estaban preparando para su explotación ha sido tomada por movimientos sociales que se oponen a la operación y piden agua pura, protección del medio ambiente, etcétera.

"No hay problema", dice el abogado paladeando, "tenemos aprobados los permisos ambientales. En un par de días estaremos operando sin problema".

Tres años más tarde, esta mina ficticia, con personajes ficticios, pero que es la realidad de muchas inversiones mineras en América Latina, no operará y se debatirá entre cerrar o satisfacer demandas cada vez más inalcanzables.

La fórmula de "paz" que las mineras utilizan para hacer buenas migas locales está en base a tres actores: empresa, Estado y comunidad. Si alguno de los actores no cumple, la ley reencauzará los diferendos. Por eso necesitan un buen bufet de abogados. Pero esto no siempre funciona en el tercer mundo, donde el Estado es débil, por tanto, la ley y el sistema político suelen ser derrotados por la "legitimidad", que no es otra cosa que ese espacio que abre una comunidad movilizada, esgrimiendo una consigna políticamente sensible. Muchas comunidades tienen "confort para la movilización y la protesta" y suelen estar instigadas por agendas radicales. Entonces, aunque la ley prohíba algo la legitimidad se impone. Recordemos que los asesinatos de policías en Bagua siguen impunes. Solo le quedará a la empresa rogarle al movimiento social como le ruega el arriero a la alpaca que se empaca.

La minería aporta al desarrollo del Perú. Quizá por eso valga la pena pensar y analizar creativamente y sin prejuicio cómo se puede parchar la debilidad del Estado, cómo se puede ganar el apoyo del pueblo. El problema es que para ello hay que entender al pueblo, y esa no es la habilidad de los grandes bufetes de abogados, ni de las corporaciones.