(Foto: Referencial/Andina)
(Foto: Referencial/Andina)

Luego que el presidente Vizcarra le diera un ultimátum a las clínicas, lo cual generó en algunos una reacción de espanto por la posibilidad de la expropiación y, en otros, un aplauso al mandatario por buscar un punto medio, se llegó a un acuerdo. No van a haber expropiaciones y tampoco las clínicas van a abusar en los cobros. El estado hubiese hecho un pésimo trabajo gestionando las clínicas que las manejan muy bien los profesionales privados y, a la vez, hizo un buen trabajo en presionar a las clínicas para que tengan más empatía y consideración. Pero esas no son las únicas buenas noticias, sino que también las aseguradoras se manifestaron para apoyar y cubrir los tratamientos por COVID-19.

Estos sucesos me dan esperanza, me hacen creer que sí podemos tender puentes en nuestra sociedad tan polarizada y fragmentada. El Perú está lleno de diversidad pero nos falta un largo camino por recorrer para cosechar riqueza de esa pluralidad en lugar de verla como amenaza. Como todos los vínculos: Necesitan fortalecerse a través de la comunicación, la tolerancia, y el respeto. El prejuicio y la polarización no ayudan.

En esta pandemia ha quedado comprobada la precariedad de nuestro sistema de salud pero también hemos visto que tendiendo puentes podemos avanzar e ir mejorando. Y si el sistema de salud ha estado descuidado en nuestro país por años de años, pues la salud mental ha sido la más olvidada de los olvidados.

Durante siglos no hemos podido comprender que no somos seres racionales, sino que somos seres emocionales que razonan. El sufrimiento emocional y las enfermedades mentales son masivas en el Perú y en el mundo. Y no todos pueden pagar un tratamiento. Tanto el Estado, a través del Seguro Integral de Salud y del Ministerio de Salud, como las aseguradoras privadas deberían cubrir la salud mental y no solo la salud física. En otros países esto ya se hace, en algunos casos la cobertura es total y en otros parcial. Vamos sumando.

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