(GEC)
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Si el Congreso anterior será recordado por su sistemático, interesado encubrimiento de investigados por corrupción, el que hoy tenemos está escribiendo su propia leyenda negra como emisor de leyes demagógicas, encubridoras y provistas de despropósitos en perjuicio de la democracia y la estabilidad de los peruanos. Su lista de desatinos antitécnicos ya es extensa en relación al corto tiempo que lleva en el hemiciclo, pero todo indica que la alargará con el ya planificado asalto a la Superintendencia Nacional Superior Universitaria (Sunedu), que han amenazado con llevar a cabo en la legislatura que recién se inicia.

A cuatro años de creada, la Sunedu ha hecho un excelente trabajo cautelando la calidad educativa de universidades e institutos superiores, en momentos en que la competitividad de nuestros profesionales era puesta en duda por la infestación de ‘universidades bamba’ en todo el país, casas dizque de estudios con ínfimos estándares académicos, de las que egresaban jóvenes titulados, con el ansiado “cartón” bajo el brazo, pero sin una preparación mínimamente adecuada.

Con un criterio independiente y riguroso, el ente supervisor otorgó 94 licencias de funcionamiento, mientras que les fue denegada a 46 instituciones que no cumplían con las normas básicas de enseñanza y solidez académica.

Sin embargo, estas cuestionadas instituciones no han dejado de poner gente en el Congreso; incluso han fundado partidos políticos, todo con la obvia finalidad de defender sus negocios y seguir estafando a la juventud. Es así como, oh casualidad, la actual Comisión de Educación del Parlamento ha terminado siendo poblada y asesorada, en su mayoría, por oblicuos personajes vinculados a estas ‘universidades bamba’, a las que se les denegó la licencia, como demostró ayer una investigación de Perú21.

Y si algo quedó claro luego del tumultuoso cierre de la legislatura pasada, es que en la infame negociación de votos para tal o cual proyecto, el apoyo al plan de tumbarse a la Sunedu fue una de las monedas de cambio que circularon profusamente. De consumarse esta siniestra componenda, el gran perdedor, qué duda cabe, serán el Perú y la credibilidad de su sistema educativo.


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