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arielsegal@hotmail.com

El atentado del grupo Al Shabab (La Juventud) en una universidad de Kenia, en el que murieron más de 140 personas, muestra cómo varios grupos radicales islamistas que tenían agendas para sus países se están expandiendo hacia otras naciones, o se fusionan con otros que buscan proyección mundial, como Al Qaeda o el Estado Islámico (ISIS).

Al Shabab surgió en Somalia, dividida prácticamente en tres países (Somaliland, Puntland y la misma Somalia) y subdividida en territorios dominados por señores de la guerra, mafias, grupos islamistas y un gobierno que, con ayuda de tropas africanas, intenta reunificar lo que era una vez una nación y ahora es solo un nombre en el mapa. Ese lugar es fértil para lo peor de la globalización (piratería, tráfico de personas, ejércitos de niños, etc.) y del fanatismo (religioso y mercantilista). Dado que Kenia, desde el 2011, aporta la mayor cantidad de tropas que la Unión Africana envió para ayudar al débil gobierno somalí en su intento de restaurar a esa otrora nación erradicando las cortes islámicas que gobiernan en varias zonas de acuerdo con la ley del Corán (sharía), Al Shabab declaró el territorio keniata como objetivo de "guerra santa" y ya había perpetrado atentados como el del 2013, en el centro comercial Wesgate de Nairobi, que dejó 72 muertos.

En el 2010, Al Shabab anunció su asociación con la filial de Al Qaeda en el Magreb y ahora el terrorismo islamista en África oriental es una amenaza para Somalia, Kenia, Uganda, Etiopía, etc., mientras que en África occidental, la alianza del Boko Haram nigeriano con el ISIS (responsable del reciente atentado en Túnez) se disputan la lucha por la creación de un imperio islámico en ese continente.