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arielsegal@hotmail.com

Hoy un representante del Papa beatifica al cura bueno de la canción de Rubén Blades "El padre Antonio y su monaguillo", Arnulfo Romero, quien fue asesinado por paramilitares del gobierno represivo de El Salvador (1980). Según el Vaticano, aunque el arzobispo no obró ningún milagro divino puede ser beatificado al ser un mártir por odio de la fe, por sus homilías contra la violencia que apenas comenzaba como prólogo a lo que luego fue en una guerra civil de 12 años, con más de 75 mil muertos.

Rubén Blades no habla de Romero cuando se refiere a que Antonio "no funcionaba en el Vaticano, entre papeles y sueños de aire acondicionado / y fue a un pueblito, en medio de la nada a dar su sermón, cada semana, pa' los que busquen la salvación….", puesto que Romero fue un aplicado miembro de la Iglesia que escaló posiciones, e incluso, en sus comienzos, contó con el apoyo de las clases adineradas de El Salvador, país que gustaba de sus posiciones conservadoras; pero como hombre sensible abrió la Catedral para los pobres y dirigió homilías contra las políticas de un gobierno sordo al clamor social. Blades no necesita usar licencias líricas para vincular a su Antonio con Romero: "El padre condena la violencia. Sabe por experiencia que no es la solución / Les habla de amor y de justicia, de Dios va la noticia vibrando en su sermón…".

El resto es debate (si era de izquierda, o un hombre de Iglesia entregado a los más pobres o un insurrecto, cuestión que retrasó su beatificación), pero lo cierto es que hoy se reconoce el milagro de un hombre que no tuvo miedo a las amenazas de muerte y que "entre el grito y la sorpresa, agonizando otra vez/ estaba el Cristo de palo pegado a la pared"… del padre Arnulfo y un pueblo de fe.