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La semana pasada nos acostamos con un Estados Unidos que históricamente ha simbolizado la expansión del capitalismo y despertamos con un presidente de ese país prometiendo proteccionismo, días después de que el presidente de China –la de los imperios aislacionistas y la que aún se denomina "comunista"– elogiaba las bondades del libre mercado. ¿Qué pasó mientras dormíamos?

¿Cómo pasó que Putin, el icono del terrorismo de Estado que masacró a un cuarto de millón de pobladores de la provincia rusa de Chechenia, y junto al dictador sirio, al-Assad, a decenas de miles de civiles en Alepo, sea ahora el adalid de la lucha contra el terrorismo islamista?

¿Cuándo surgieron en Venezuela golpistas sin ejército ni milicias ni armas a un gobierno conformado por muchos golpistas que junto a Chávez, en 1992, intentaron derrocar al gobierno electo de Carlos Andrés Pérez?

¿Cómo el presidente francés, François Hollande, es percibido como débil en la lucha contra el terrorismo islamista a pesar de la eficiencia en su actuar tras los atentados en su país y haber enviado tropas –a petición de los gobiernos de Malí, República Centro-Africana y Libia– para evitar que estas naciones africanas sean conquistadas por Al Qaeda, ISIS y otros grupos radicales islámicos?

En una viñeta de Mafalda, "la hija" de Quino, pregunta desde la cama si se han acabado las injusticias en el mundo y ante la respuesta obvia de sus padres vuelve a acostarse y pide que "entonces la despierten para el almuerzo".

Lamentablemente, hay que decirle a Mafalda que en nuestros tiempos, aunque pasan cosas muy extrañas que confunden, en esencia, la iniquidad, el populismo, el terror, la corrupción y los excesos del poder siguen intactos.