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arielsegal@hotmail.com

Los yihadistas o "guerreros santos" del Estado Islámico (ISIS) no solo masacran a musulmanes que no comparten su visión medieval del Islam y a cristianos que habitan en Iraq y Siria desde el siglo I d.C., también arremeten contra lugares santos de religiones y civilizaciones antiguas consideradas por ellos herejes.

Un precedente a lo que hace ISIS se dio con el régimen Talibán en Afganistán, también de una ideología islamista radical sunita, cuando en el 2001 destruyó dos enormes estatuas: los Budas de Bamiyán, talladas en el siglo V o VI d.C., en el acantilado de un valle que lleva ese nombre. Si lo sucedido en ese entonces, en aquel lugar, declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, causó gran indignación, qué decir de todas las reliquias arqueológicas de la antigua civilización babilónica destrozadas por parte de un grupo fanático que considera un objetivo por destruir a cualquier vestigio previo al Islam, fundado en el siglo VII d.C.

Entre los patrimonios arrasados por ISIS en Iraq están el Museo de la Civilización de Mosul; estatuas asirias en la antigua Nimrod (capital del antiguo imperio asirio en el siglo XIII a.C); las ruinas de Hatra (ciudad del imperio de los partos, surgido en el siglo III a.C.), etc.

Se calcula que este grupo controla más de 1,800 de los 12,000 sitios arqueológicos de Iraq. En Siria, en la ya golpeada ciudad de Alepo, ISIS ha causado daños irreversibles a su ciudadela antigua.

En estos días considerados santos para millones de cristianos en el mundo, es de esperar que se elabore una estrategia que permita rescatar lo que se representa como sagrado para minorías sometidas por fanáticos y, fundamentalmente, lo más santo de todo: la vida.